Las palabras siempre han de ir antes que la fuerza y si ésta fuera necesaria, debe conocerse el marco legal para aplicarla. Desde ayer, trece agentes tanto de la Policía Local como de la Nacional y la Guardia Civil, conocen muy de cerca la mejor manera de ejercer la autoridad en base al autocontrol y la empatía y saben que si esto no funcionara, queda la fuerza en último caso para reducir al detenido.
¿Pero en qué medida debe aplicarse ese uso de la fuerza? El Tribunal Supremo lo marca a través de una sentencia que define muy bien los límites y que el responsable del área de psicología policial de la empresa TDPE que se desplazó hasta la ciudad para impartir el curso, ha tratado de dejar muy claros. “Lo importante es obtener las técnicas necesarias para que el agente nunca pierda el control sobre la situación y si el momento en que el agente a través del diálogo no puede controlar la resistencia de otra persona puede hacer uso de la fuerza dentro de unos límites. Se trata de utilizar la palabra y la negociación y si es necesario el uso de la fuerza que sea de la más mínima intensidad”, aclaró el profesor del curso valorando la receptividad y profesionalidad de los asistentes.
Una formación continua durante todo el día de ayer en el que ha quedado claro que la mala utilización del lenguaje puede provocar un incremento de la agresividad en el otro sujeto, ha supuesto que los agentes asistentes tengan una perspectiva diferente en cuanto al sistema de trabajo que en ocasiones recibe críticas por parte de la ciudadanía que se desprenden de la escasez de diálogo táctico.
La base del curso ha sido básicamente que nunca se llegue a perder los nervios “porque ahora tienen una serie de conocimientos adquiridos con los que no pueden llegar a ese umbral”, apuntó el responsable del curso.
Los organizadores han agradecido la colaboración de la Fundación Gallardo que ha contribuido a la financiación de un curso “que deberían hacer todos los agentes dada su importancia a la hora de desarrollar nuestra labor”.






