Para Victoria Medinilla, un día de verano en la playa de Miramar se transformó en un acto que salvó la vida a un ser inocente, un pequeño cachorro que había sido víctima de una cruel acción que a punto estuvo de costarle la vida. “Estaba en las duchas vi moverse la arena y se lo dije a mi hermana. Me acerqué y vi una patita pequeña y me di cuenta que había un animal, no sabía cual, pero estaba claro que estaba vivo”.
Sin pensárselo dos veces, Victoria y su hermana escarbaron la arena hasta descubrir aterradas que lo que se movía debajo de la arena era una perrita de poco más de un mes. “Era muy pequeña, la metimos bajo la ducha para quitarle la arena. Estaba medio muerta, le dimos de comer y beber y como soy muy amante de los animales me la llevé para casa”.
La primera reacción de una persona como Victoria, amante y respetuosa con los animales fue la de echarse a llorar ante la impotencia de una acción tan cruel como la que acababa de descubrir. “No me entraba en la cabeza que alguien hubiera hecho algo así”. El drama se intensificó al ser informada de quienes habían sido los responsables de tan vil acción. “Unos chiquillos que había allí nos dijeron que tres niños la habían enterrado y que iban con otros cachorros que también iban a enterrar. Aunque estuve mirando por la playa por si había más, no los encontré. Sólo espero que tuvieran la misma suerte de que alguien los salvara”.
Para Victoria era inconcebible un acto así. “Es una crueldad, sean niños o adultos. Si no quieres un animal, búscale una casa o llévalo a la Protectora, pero algo así no me entra en la cabeza. Hay que educar a los críos porque algunos son muy crueles. Deben entender que son animales que sienten y padecen como nosotros y a los que no hay que hacerles daño”.
Lola fue adoptada por una familia que, casi un año después no puede hacerse cargo de ella. “Ha crecido mucho y la casa donde vive es pequeña. La perra es muy activa, necesita espacio y alguien que la saque a andar y correr. Es un encanto y queremos buscarle una casa que la cuide porque lo ha pasado muy mal, de veterinario en veterinario por todas las infecciones que ha tenido después de lo que le hicieron”.
Lola, que aún no ha cumplido el año de vida, es una perra muy especial. “Te mira de forma diferente, como agradeciendo la vida que le has dado. Es muy cariñosa, se va con todo el mundo, te pone las patas encima para darte besos”.
Así es Lola, una perrita que sin haber cumplido un año de vida ha sufrido la crueldad del ser humano. Ahora busca un hogar que la compense de los males que ha padecido. Su mirada y sus besos es su forma de agradecer la oportunidad que alguien quiera darle.









