El público que abarrotó anoche el Teatro Auditorio del Revellín disfrutó durante más de dos horas con el espectáculo ‘La Cenicienta’ Prometía la noche y no defraudó. Rosa Founaud y su ballet son garantías de calidad. Y más aún si se mezcla con un clásico de la literatura infantil, uno de esos cuentos tan poderosos en metáforas, imágenes, colores y sugestiones que permanecen en la memoria de las personas una generación tras otra. La Cenicienta, nada más y nada menos. Un reto gigante para una compañía, la de Founaud, cuidada con esmero, evidencia que se palpa, que se observa, que se siente en cada uno de los bailarines, sin distinción de edad y de minutos de aparición, casi huelga especificar.
La expectación que siempre ocasiona un espectáculo de Founaud se advirtió ya incluso una hora antes de que diera comienzo el espectáculo, a las 21:30. Así, familiares, amigos y amantes de la danza invadieron los aledaños del Teatro Auditorio del Revellín, recinto que abrió sus puertas para acoger el primero de los dos espectáculos que presenta la Escuela de Danza Rosa Founaud este fin de semana: el próximo será mañana, en idéntico horario y lugar, siendo el título de la obra 'Las décadas'.
Pero hasta que llegue mañana, queda el ayer. Fiel a la versión original del cuento, el espectáculo tuvo alma y cabeza, lo que otorga esa inteligente mezcla de alegrías y penas; de belleza y suciedad; de sueños y pesadillas; de Cenicientes y Madrastras. Dividida en cuatro actos, la trama de la historia fue deslizándose de manera sutil por las butacas del teatro, comenzando cada parte siempre con una voz oculta y omnisciente. Luego, la música, más cercana al mundo onírico que al cotidiano, marcaba el ritmo de La Cenicienta (a quien dio vida de manera magistral Ana Lara), del Príncipe (Fernando Martínez–Careaga), de la Madrastra (Juana Mº Picazo) o de las malévolas hermanastras (Beatriz Camacho, Samantha Gallardo y Cristina Delgado). Al lado de los personajes protagonistas, y a lo largo de las dos horas largas que duró el espectáculo, un formidable elenco se deslizó sobre el escenario con tanta suavidad como lo hace la brisa en el edén, con tanta dulzura como se mueven esas cosas que son mito y son realidad también.







