Ya he perdido la cuenta de la de veces que Vivas ha dicho que se va. Yo creo que le ha cogido el gusto a eso de decir: me rasgo las vestiduras por Ceuta, cojo las maletas y ‘si me queréis’... irse, en plan Lola Flores pero al estilo alcalde. A mí, particularmente, los anuncios de marchas o llegadas tan insistentes no me suelen gustar, salvo que los diga el chico de la casa, al que se le consiente todo. En el fondo del asunto está algo que nadie puede entender: los famosos 7,2 millones. Esto es en lo único que todos, o casi todos, estamos de acuerdo: ¿por qué no se otorga una subvención a la que tenemos derecho? De la Delegación del Gobierno lo último que supimos fue la firma del famoso aval para, después, ocupar escenario la crítica del PSOE que venía a poner en evidencia que la Ciudad no había hecho sus deberes. Entre un capítulo y otro hemos asistido a múltiples declaraciones, videoconferencias e intervenciones al más alto nivel ministerial que han concluido todos en el mismo resultado: los 7,2 millones de 2019 no llegan. No soy de esas personas que acostumbran a ver operaciones malintencionadas, ni suelo creerme la mítica historia de que el PSOE no quiere a Ceuta y Melilla u otras peores marcadas con anécdotas que nadie consigue demostrar. Suelo apostar más por los datos objetivos y la confirmación de hechos que se van produciendo conforme avanzan los meses. Y en el caso de marras sí es cierto que la confirmación pasa porque no se desvía una subvención debida, que fue avalada por la propia delegada del Gobierno -aunque su validez era más que cuestionable- y de la que no se da una respuesta inmediata y clara. Es lo que no sabemos de la historia, es lo que no nos cuentan y es lo que sigue alimentando ese resquemor psicológico que pueden aprovechar los asustaviejas. Eso siempre ha sido malo.






