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Lo que el perímetro se llevó

Históricamente cuando los caballas decían “voy a bajar a Ceuta” se referían a la zona del Puente Cristo hacia el centro. Parecía que Ceuta estaba dividía en dos, una la zona centro, otra conocida como el Campo exterior. Esta división no era simplemente dialéctica, también era una especie de división social y hasta los medios de comunicación prestaban menos interés al denominado Campo Exterior.

Durante un tiempo el slogan de nuestra ciudad fue “Ceuta, la gran desconocida”, aunque en realidad la gran desconocida ha sido y es el Campo Exterior “De las puertas del Campo hacia arriba y según se subía se iba perdiendo el interés”. Hemos cambiado en la forma de hablar, ahora decimos “vamos al centro”, pero esa zona y su gente sigue siendo la gran desconocida.
Hoy quiero hablar de lo que Ceuta perdió cuando se decidió instalar en el perímetro fronterizo el Polígono Alborán y las famosas concertinas. Antes del Polígono Alborán también había vida comercial, personas que dedicaban su actividad profesional en la zona y, con ellos, tras las obras en el perímetro, se fueron los últimos agricultores, ganaderos, cabreros, una fábrica de cerveza, refrescos y de ladrillos.
 Donde hoy está la zona del ITV se encontraba la fábrica de ladrillo que daba trabajo a muchas familias y la fábrica de cerveza que fue un símbolo de nuestra ciudad durante muchos años. La cerveza Africa-Star, era una marca netamente ceutí y perdió actividad posiblemente porque se tenía la sospecha o la información que ambos terrenos podía ser vendidos a un precio interesante.
Con las obras del perímetro fronterizo desapareció la actividad comercial de familias que se dedicaron durante generaciones a la agricultura y la ganadería. No podemos hablar de una gran actividad o de grandes extensiones, pero sí de personas que vivieron y cotizaban por realizar dicha actividad.  
A menos de quinientos metros del ITV los hermanos Berrocal y antes sus padres se dedicaron a la agricultura y la ganadería y de ellas vivieron generaciones durante muchos años. Alternar estas actividades con otras hizo posible subsistir dignamente. Allí vivieron cuando se casaron y allí criaron a sus hijos. Todavía residen algunos en la finca, pero sin actividad comercial alguna.
A unos quinientos metros residían los hermanos Fernández, dos personas entrañables, que se dedicaban a la agricultura y a pequeños portes con la furgoneta que tenían. Eran solteros y en su casa junto a la huerta vivieron hasta que las obras que pasaban por la mitad los dejó sin ninguna posibilidad de continuidad.
Después y solo un kilómetro, la Finca de los hermanos Sánchez, una familia que durante décadas se dedicó también a la agricultura y otras actividades para ayudar a completar la economía familiar. De esa finca solo queda una fuente que utilizaban los cabreros, el entrañable Yibilo, los guardias civiles y algunos vecinos de la zona.
Al final del perímetro y cerca de la Mezquita de Sidi-Brahin, vivía una familia conocida por “los cortitos”. Este hombre retirado del ejército, se encargaba del cuidado de la mezquita. Ha  muerto recientemente con más de cien años de edad. Una familia muy querida y conocida en nuestra ciudad.
Un poco más arriba está la Finca de Pepe García Contreras y Marcela, donde todavía reside Marcela y algunos de sus hijos. Una familia que se ha dedicado a la agricultura y a trabajar en la ciudad en distintas actividades. Durante generaciones han vivido dedicados a la agricultura. Uno de los hermanos de Pepe fue el cantaor ceutí conocido como Pepe Córdoba por adoptar su segundo apellido con el nombre artístico. Tiene numerosos discos y llegó a cantar con los artistas mas importantes del flamenco.
Cerca de la finca de Marcela esta la finca de Los Simón, afincados allí desde varias generaciones y, como todos los demás, alterno la agricultura con otras labores en la ciudad. En la actualidad reside allí con algunos de sus hijos.
Las obras del perímetro acabaron con la actividad agrícola y ganadera en nuestra ciudad. Fue un mazazo para los pocos que vivían o ayudaban a su economía con esta actividad. Un día hablando con unos de los hermanos Fernández, me decía que el siempre pensó que tendría que irse de la Finca por no tener luz ni agua corriente y que con los años seria imposible residir de forma permanente en la finca, pero nunca que una obra faraónica acabara con la casa y los terrenos en los que vivieron muchas generaciones de su familia.
Son gente corriente de nuestra tierra, gente buena, quizás no son familias con una actividad relevante,  pero forman parte de la historia viva de un pueblo que ni puede ni debe olvidar que entre todos construimos nuestra historia. No podemos olvidar a familias que durante generaciones se afanan en no abandonar nuestra tierra, no tiran la toalla, aunque como decía al principio, vivan en el Campo exterior, muy lejos del centro de la ciudad.       

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