Editorial

La línea roja infranqueable de la convivencia

Ceuta, tierra de culturas y convivencia, no necesita que vengan a crear polémicas. Hay una línea roja infranqueable que se centra en ese respeto a vivir en paz y armonía, conociendo y aprendiendo del vecino, compartiendo y conviviendo. Lo natural funciona, es el camino que han aprendido anteriores generaciones y el que hay que mimar para que esta tierra siga prosperando.

Esta semana la portavoz nacional de Familia de Vox, Ainhoa García, se paseó por una Ceuta que no conoce, pero lo hizo con la lección aprendida de generar enfrentamientos, recelos y, en definitiva, faltar al respeto a la mayoría de los ceutíes. No había otra finalidad, otro objetivo que el mismo, cuestionar la españolidad de quienes comparten otra religión.

Habló de la cultura islámica, de cómo quiere cambiar a los jóvenes y del papel de la mujer, dibujando un panorama que en nada se adecua al de Ceuta.

Eso se llama provocación, forma parte de un estilo político que no busca nada positivo para esta tierra, más bien provocar separaciones, odios y malestar en una sociedad que quiere vivir de la mano buscando el mismo objetivo, que no es otro que seguir apostando por lo que tenemos.

Ceuta mira al frente con metas claras, con un modelo económico que quiere explotar, con unas campañas puestas en marcha para captar inversores, turismo, dejando de mirarnos el ombligo para sentirnos orgullosos y abrirnos como tal al mundo, sin ningún tipo de complejo.

Esas apuestas y esos retos son firmes, no se doblegan ante salidas de tono como el estilado por la portavoz nacional de Vox.

Esas declaraciones erráticas deben ser contestadas porque mirar hacia otro lado no siempre es la mejor de las opciones, aunque se tenga que responder a auténticas barbaridades.

La Delegación del Gobierno y la Ciudad Autónoma tienen claro cuál es la línea roja infranqueable y saben la valía de la convivencia en Ceuta.

Ambas instituciones llevan a gala un respeto institucional y una lealtad que es digna de admiración. Ambas, además, han coincidido en no pasar por alto unas declaraciones que son insultos a buena parte de esta sociedad.

Las obsesiones en política no son buenas y no deben ser permitidas, sobre todo cuando buscan quebrar la paz y armonía en la que quiere estar Ceuta o cuando intentan hacer daño a la convivencia en la que tanto se ha trabajado.

El delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, y el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, fueron claros y contundentes ante los medios de comunicación, manteniendo los mensajes firmes de defensa a ultranza de la mayor riqueza de Ceuta, de ese patrimonio inmaterial que supone esta convivencia normalizada, vivida y compartida que algunos todavía, en pleno 2026, quieren sentir extraña.

Enfrentar y dividir a los ceutíes no es sinónimo de acción política. Más bien lo contrario, es incendiar un camino, es explotar una senda nada favorable para el presente y futuro de una ciudad que enamora al que la conoce.

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