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Laureada a los defensores del Alcázar de Toledo

Por Jesús María Guzmán Villaverde
19/01/2026 - 04:30
laureada-defensores-alcazar-toledo-003

Alcázar de Toledo.

Imágenes cedidas

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Sirva este artículo de homenaje a uno de los edificios militares más emblemáticos de nuestra patria: el Alcázar de Toledo, símbolo y seña del Arma de Infantería. Durante la contienda civil de 1936, el Alcázar sufrió un asedio de setenta días en los que se vivieron actos de extraordinario valor, heroísmo y humanidad.

Aquella gesta asombraría al mundo al salir a la luz el diario de campaña y las impactantes imágenes de la destrucción sufrida por la Academia de Infantería, cuyo sacrificio quedó grabado para siempre en la historia de España.

Situado en la zona más alta de la Ciudad Imperial, este imponente edificio de planta rectangular y torreones cuadrados en sus cuatro esquinas, consta de tres plantas, dos sótanos y dos entreplantas siendo proyectado por los arquitectos Alonso de Covarrubias y Gaspar de Vega, en 1537.

En 1857 se instalaría la Academia de Infantería, reedificándose en el año de 1882, momento en que la Academia General Militar por Decreto de 20 de febrero situa el centro de formación en la ciudad de Toledo, durante el periodo que abarcaría los años de 1882 a 1893, siendo su primer director el General D. José Galbis Abella.

El entonces ministro de la Guerra, D. José López Domínguez, en febrero de 1893, alegando razones económicas y un mejor aprovechamiento del tiempo con el sistema de Academias independientes, ponía a la firma de la Reina Regente Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, el Decreto que suprimía la Academia General Militar, pasando cada una de las Armas y Cuerpos a disponer de Centros de formación independientes.

En la 2ª Época de su organización, febrero de 1927, por iniciativa del Jefe del Gobierno, capitán General D. Miguel Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII firmaba el Decreto por el que se establece en Zaragoza la Academia General Militar mientras continuaba su labor docente militar la Academia de Infantería.

Llegado las siete de la mañana del día veintiuno de julio de 1936, el capitán Vela-Hidalgo leería la proclama del estado de guerra en el patio del Alcázar. Se iniciaría así, los setenta días del asedio.

El dieciocho de julio de 1936, las unidades existentes en Toledo, enteradas de la sublevación, decidieron sumarse al bando nacional. Las unidades situadas en la ciudad eran, la Academia de Infantería al mando accidental del teniente coronel Antonio Valencia al encontrarse ausente su director, el coronel Jose Abeilhe (fusilado mas tarde en Paracuellos del Jarama el siete de noviembre), la Escuela Central de Gimnasia de la cual era su director el coronel Moscardó, la Caja de Recluta no3 de Toledo y la Fábrica Nacional de Armas, en la que se almacenaba cerca de un millón de proyectiles para armas ligeras. Por ello el coronel Moscardó al ser el más caracterizado, toma el mando de la situación.

Anteriormente, el treinta de marzo, el teniente coronel de la Guardia Civil Pedro Romero Basart, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Toledo, ordena la entrega a cada Puesto, Línea y Compañía un sobre lacrado, con instrucciones de no abrir hasta que recibieran la consigna “Siempre fiel a su deber”. Esta consigna indicaba que todos miembros de la Guardia Civil, desplegados por la provincia de Toledo, se concentrarían en la ciudad de Toledo con su familia, objetos personales que necesitaran, y portando su armamento reglamentario.

Así todos y cada uno de los Puestos fueron concentrándose en el Alcázar con excepción del Puesto de Tembleque, que con un teniente y 29 guardias fueron los únicos que no pudieron incorporarse al carecer de transporte y haberse iniciado el ataque miliciano de la Columna Madrid, quedando bajo control republicano.

Alcanzarían el Alcázar, un total de 693 miembros de la Guardia Civil. Distintas autoridades gubernamentales comenzaron a contactar con el coronel Moscardó para que depusiera de su actitud, entregando las armas y si en un plazo prudencial de tiempo no se cumplían estas órdenes bombardearían el Alcázar.

El día veintiuno de julio a las 7 de la mañana es declarado el estado de guerra en el interior del edificio. El general Riquelme llama por teléfono al coronel Moscardó para saber cuál es su postura, ordenándole de nuevo la entrega de las armas y municiones, negándose a ello.

A media mañana se aproximaba al objetivo la Columna Madrid, compuesta por más de 2.000 hombres, con tropas del Regimiento núm. 2, Guardias de Asalto, milicianos, una batería de artillería y tres blindados.

Se hizo una distribución de fuerzas para seguridad y defensa de la plaza, ocupando o reforzando el hospital de Tavera, Fábrica de Armas, convento de los Carmelitas, bancos, Ayuntamiento, Catedral, Zocodover, Correos, Telégrafos, Teléfono, Miradero, Cuartel de Asalto, puertas y puentes. Esa misma tarde un avión arrojaría doce bombas sobre el objetivo. Más tarde se repetiría el bombardeo por otros 3 aviones.

Mina en acción.

Al día siguiente, la Columna de Madrid recibió nuevos refuerzos continuando los combates, apoyados por medios aéreos que bombardeó a las 5 y 10 de la mañana y a las 4 de la tarde.

Resistiendo durante dos días frente a las acometidas de las fuerzas gubernamentales y milicianas, permitió el repliegue de los miembros de la Guardia Civil, trasladar la munición de la Fábrica Nacional de Armas, aproximadamente 700.000 cartuchos, y organizar la defensa del Alcázar. A las cuatro de la tarde, el comandante Villalba, responsable de la defensa del hospital de Tavera, ordenó la retirada al Alcázar.

El día veintidós, la artillería enemiga rompe el fuego de sus piezas artilleras desde la zona de Pinedo dejando sin corriente eléctrica al Alcázar.

El veintitrés de julio a las 10 de la mañana, Cándido Cabello, decano del Colegio de Abogados de Toledo telefonea al coronel Moscardó, en la que comunica que tiene como rehén a su hijo Luis y que, si en el plazo de 10 minutos no se rinde el Alcázar, fusilaría a su hijo. Mantendrían una conversación, padre e hijo, indicándole que no se rendiría. A Cabello, le respondía que le sobran los 10 minutos y que el Alcázar no se rendiría. Luis seria fusilado el día veintitrés de agosto junto con otros 63 presos procedentes de la cárcel.

El día veinticuatro de julio, sin saber el tiempo que podría durar el asedio, casi sin alimentos y estando en su interior casi 1.800 personas, aproximadamente 800 guardias civiles, cadetes de la Academia de Infantería, soldados y falangistas, junto a unos 500 civiles (mujeres y niños, familiares de los combatientes), se decide la salida del Alcázar de 2 compañías de la Guardia Civil para procurarse víveres. Regresaron inmediatamente sin poder cumplir su objetivo, al encontrar resistencia por la superioridad del enemigo. Por todo ello, la alimentación de los sitiados seria carne de los caballos y mulos que había en el interior (de 97 caballos sólo quedo 1 vivo y de los 27 mulos, solo quedaron 5).

Al carecer de electricidad para poder utilizar la radio de la Guardia Civil e intentar comunicarse con otras unidades informando de la situación, se decidió que el capitán Luis Alba Navas, de la Escuela de Educación Física, saliese del Alcázar el día veinticinco disfrazado de miliciano para intentar conectar con las fuerzas del General Mola situadas en la Sierra de Guadarrama. Al ser reconocido, fue detenido y fusilado dos días después.

Ocupada la ciudad, se situaron proyectores en el castillo de San Servando; piezas de artillería (nueve obuses de 15,5 cm, ocho cañones de 10,5 cm y siete de 7,5 cm) en Pinedo y los Alijares; asentamientos de morteros y ametralladoras en la ermita de la Virgen del Valle, y armas automáticas en casas, azoteas y en la torre de San Miguel. De este modo, el Alcázar quedó totalmente cercado.

También se emplearon así mismo durante el asedio, autos blindados, tanques orugas ligeras y pesadas, artefactos fumígenos, artefactos incendiarios compuesto por bidones de gasolina portando un dispositivo especial de percusión para provocar incendios, cargas explosivas confeccionadas con petardos reglamentarios para empleo en hornillos y minas.

Los defensores, solo disponían además del armamento personal, 2 cañones de 7 cm, 4 morteros, 13 ametralladoras y 13 fusiles ametralladores, granadas de mano Laffitte además de la cartuchería trasladada desde la Fábrica de Armas.

La Aviación nacional, descargo en dos ocasiones, el veintidós de agosto y el seis de septiembre, paquetes con alimentos y mensajes de apoyo, indicando que pronto llegaría la liberación. No todos los paquetes cayeron dentro, por lo que se perdieron algunos.

Monumento al sitio del Alcázar de Toledo.

El día 16 de agosto comenzaron a percibirse los primeros ruidos de la construcción de una mina subterránea con la única intención de volar los cimientos del edificio. El teniente Barber de Ingenieros, auxiliado por el cabo de la Guardia Civil Rodríguez Caridad, antiguo minero, se encargó de informar de los trabajos de su construcción y anticipar sus posibles efectos. La construcción de la mina tenía dos direcciones, una bajo el torreón Suroeste, la otra a la fachada Oeste. Estaba confeccionada con 5.000 Kg. de trilita.

El día nueve de septiembre, a las 8 de la mañana, el Comandante Rojo, antiguo profesor de la Academia se reunió con el coronel Moscardó, para pedir la rendición o dejar salir a las mujeres y niños, propuesta que fue rechazada. Los defensores solicitaron la presencia de un sacerdote, presentándose el día once el sacerdote Enrique Vázquez Camarasa, canónigo de la Catedral de Madrid en una visita de tres horas, durante la cual celebro la Santa Misa, realizando una homilía con intención de minar la moral de los defensores, por lo que fue expulsado y rechazada su petición. El día trece se presentó el Embajador de Chile, Aurelio Nuñez Morgado, Decano del Cuerpo Diplomático, siendo denegada su presencia invitándole a que se dirigiese al Gobierno de Burgos.

Amaneciendo el día dieciocho de septiembre, las piezas del 15.5 cm. iniciaron una cortina intensa de fuego, momento en que se produjo la detonación de la mina subterránea, destruyéndose el torreón y parte de la fachada Oeste. A continuación, se iniciaba un asalto general de las fuerzas que asediaban al Alcázar, pero tras duros combates fueron rechazados causándoles gran cantidad de bajas.

El día veinte de septiembre, fue el día que más bombardeo artillero sufrió el Alcázar, llegándose a contabilizar 472 disparos de los obuses del 15,5 cm.

El veintisiete de septiembre, cercanas las fuerzas liberadoras, hizo explosión una nueva mina a las 6 horas de la mañana, en la explanada Este, que levantó una gran nube de polvo. El ataque fue iniciado rociándose los escombros de la fachada principal con gasolina que produjo una humareda tan grande que se divisaba a larga distancia por las tropas que llegaban para socorrer el Alcázar.

Tras duros combates de las fuerzas del General Varela los días veintiséis y veintisiete, se dio orden de ocupar el Alcázar. A la caída de la tarde, una sección de Regulares de Tetuán núm. 1 al mando del teniente Luis Lahuerta Ciordia y la 19a Compañía de la 5a Bandera de La Legiónal mando del capitán Enrique Tiede Zeden, entraron en el Alcázar. El Alcázar toledano había sido liberado.

El veintiocho de septiembre entró en el Alcázar el general Varela, cuando el coronel Moscardó le saludó con la famosa frase:” Mi General, en el Alcázar, sin novedad”.

Después de un Juicio Contradictorio, fue concedida por los méritos contraídos por la heroica defensa del Alcázar toledano, la Cruz Laureada de San Fernando Individual al coronel José Moscardó Ituarte, Así mismo, fue concedida la Cruz Laureada con carácter Colectivo a todas cuantas personas se encontraban en el interior del Alcázar, combatientes o no durante el asedio, tanto supervivientes como aquellos que fallecieron en su defensa.

El general Franco, en una decisión táctica, decidió desviar el avance de las Columnas que se dirigían hacia Madrid para liberar Toledo.

Más allá de su valor militar, la defensa del Alcázar fue unavictoria propagandística que sirvió para consolidar su liderazgo militar ante sus compañeros de armas y para proyectar ante el mundo una imagen de resistencia numantina.

Toda esta acción quedó recogida en un periódico que se editó durante el asedio, “El Alcázar”. Este periódico nace el veintiséis de julio, fecha del primer número de la tirada, debido a una idea del comandante Víctor Martínez Simancas, que fue su primer director, y Félix Gutiérrez Cano, su redactor.

El objetivo primordial de este periódico fue de levantar la moral de los defensores publicándose un total de 63 ejemplares.

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Comments 1

  1. Real comentó:
    hace 1 mes

    Se debía de hacer una película

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