La festividad de San Antonio volvió a congregar a un buen número de ceutíes en la ermita de santo para participar en la tradicional romería.
Allí, en un ambiente festivo, los fieles cristianos tuvieron ocasión de reencontrarse con sus raíces, que son también las de nuestras ciudad, pero no las únicas. La candidata del Partido Popular al Senado, Fátima Mohamed Dos Santos, resaltaba el hecho de que esta celebración de la comunidad cristiana tuviera lugar en mitad del mes sagrado musulmán. Deseaba destacar el logro de que ambas confesiones sean capaces de convivir en medio de un respeto y en una armonía que también comparten con los miembros de la comunidad hebrea e hindú.
Esto, que en nuestra ciudad es vivido como un hecho habitual, es un logro difícil de entender en otras latitudes. Ayer, mientras los fieles cristianos celebraban San Antonio, miembros de otras comunidades deambulaban por la romería perfectamente integrados, sin que su presencia sorprendiera a nadie y sin ser causa de ningún tipo de reproche. La escena, por desgracia, sería inconcebible en otras regiones.
A la hora de conservar nuestras tradiciones, importa tanto como los mismos acontencimientos sociales, culturales o religiosos el espíritu que hay detrás de cada uno de ellos en nuestra ciudad. La tradicional romería de San Antonio no se entendería, dejaría de ser ‘nuestra’, sin esa tolerancia que demuestran los fieles cristianos que participan en ella. Una tolerancia similar a la que anima a los fieles musulmanes a abrir sus celebraciones a miembros de otras comunidades religiosas.
Cuando se plantea la necesidad de conservar nuestras tradiciones, no hay que olvidar que detrás del elemento folclórico o social hay un ánimo en nuestra ciudad, un espíritu de tolerancia que es realmente lo más importante. Por lo que significan estos actos, más allá del sentimiento religioso que despiertan en cada persona, es necesario conservarlos y transmitirlos a futuras generaciones. Esas son nuestras raíces.





