Lo anunció ayer la consejera Yolanda Bel en calidad de portavoz accidental al término del Consejo de Gobierno: las obras correspondientes a la segunda fase del parque urbano de Santa Catalina comenzarán en breve. De hecho el Área de Contratación dará inicio, a partir de mañana, de los trámites para la licitación de esas obras que tienen como objetivo definido transformar lo que antes era un vertedero en un entorno natural. Es algo así como poner el punto y final a la historia que relacionaba una parte de la ciudad con montañas y montañas de basura. Una vez cerrado el vertedero -en la primera fase de las obras- ahora se pretende recuperar toda la zona verde y crear una serie de plataformas relacionadas con actividades de ocio y deportes dando lugar a un gran parque urbano.
El presupuesto que se va a destinar a la ejecución de esta segunda fase del proyecto asciende a 1.300.000 euros y con su finalización se podrá, por ejemplo, comunicar el parque con el Monte Hacho además de que existir la otra posibilidad de acceso por la carretera.
Tal y como ha explicado la Ciudad, el proyecto contempla la regeneración de 80.000 metros cuadrados como zona verde y, del total de esa superficie, 45.000 serán utilizables como parque. Con esta obra se ha pretendido un doble objetivo, por un lado dar un uso dotacional a esta zona y, por otro, alcanzar una mejora medioambiental ante las advertencias europeas de que no se podía mantener por más tiempo el vertedero operativo.
El plazo de ejecución de las obras es de entre 6 y 8 meses, con vistas a conseguir que a finales de año, si se puede cumplir con las previsiones, se disponga ya del parque urbano. En la primera de las fases, la relativa al traslado de los residuos y al sellado del antiguo vertedero, la Ciudad ha invertido 7,8 millones. En ésta se consiguió rebajar la cota del antiguo vertedero ganando las vistas que hoy pueden contemplarse, habilitando en la vaguada de las Cuevas otro depósito en donde fueron almacenados los residuos. Ahora, encima, crecerá un nuevo parque al igual que también lo hará sobre el antiguo vacie.
Al margen de la ejecución de esta segunda fase de la obra, es objetivo de la Ciudad poner en valor elementos patrimoniales que hay en la zona y que hoy por hoy están abandonados. Se trata de la batería de Santa Catalina y del garitón, que cuenta con protección. Además se quiere, tras la colocación de los cañones ubicados en el K8, recuperar la batería de Valdeaguas con el objetivo de mejorar el entorno que rodeará al futuro parque. Así las cosas, una vez que terminen las obras de construcción del parque y el cierre del nuevo vertedero del barranco de las Cuevas se dará el paso de recuperar una batería que hoy por hoy está completamente abandonada, sirviendo de refugio a quienes practican el botellón. La Ciudad la quiere convertir en una zona visitable a la que se podría acceder desde los dos parques construidos sobre dos vertederos que se comunicarán entre sí.
La voluntad política pasa por ofrecer un interés patrimonial a la zona. Es decir, que quienes acudan al futuro parque de Santa Catalina, que debe estar finalizado este verano, puedan tener como alternativa conocer la batería, visitar el otro parque que se levantará sobre el vertedero de la vaguada de las Cuevas o regresar a San Amaro y recorrer los senderos ya construidos. El vertedero de Santa Catalina empezó en la década de los años 30 del siglo pasado y alcanzó su punto culminante de degradación ambiental en 1975. “Era una asignatura pendiente y problema crónico que por fin queda solucionado”, recordaba el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, a los periodistas en la última de las visitas giradas.
En el gasto invertido se ha contado con fondos europeos para poder echar el cierre a una de las obras más relevantes de la administración.






