Lucía Ferreiro presentará el próximo día 23 en la Casa Árabe de Madrid su libro ‘La convivencia entre españoles y marroquíes’. El Faro ha hablado con ella sobre pros y contras de una multiculturalidad que en Melilla es más patente que en la capital española, donde la profesora ha realizado su investigación.
– El 40% de los melillenses pertenece a la comunidad musulmana y la mayoría de ellos tiene ascendencia marroquí o es marroquí residente en Melilla. El resto convive pacíficamente con ellos. ¿Qué conclusiones de su estudio sobre la convivencia entre españoles y marroquíes se podrían extrapolar a la ciudad?
– No estoy segura de que el contexto de la convivencia entre españoles y marroquíes en Madrid pueda extrapolarse a Melilla. La condición fronteriza de la ciudad y su cercanía con Marruecos, probablemente, hace que la instalación en la sociedad de acogida sea muy diferente por la cercanía geográfica.
En Madrid frente a Melilla, la gente tiene que llevar a cabo cambios para adaptarse a la sociedad de acogida que es posible que no se planteen en el contexto melillense porque es posible vivir a caballo entre dos sociedades. En todo caso, hablo como hipótesis porque desconozco cuáles son los factores que determinan la convivencia en Melilla.
– ¿Cuál es el principal motivo de roce entre españoles y marroquíes? ¿Qué es lo que más les une?
– No se puede decir que haya un roce abierto y manifiesto entre ambas comunidades. Más bien se trata de reproches latentes que se manifiestan entre conocidos, pero que no enconan las relaciones entre ambas comunidades.
El tema del género, esto es, cómo los españoles perciben que los marroquíes tratan a las mujeres, es el principal límite a la integración desde un punto de vista de los valores compartidos.
En cuestiones de índole material, a las clases medias bajas y bajas de españoles en Madrid les molesta lo que perciben como un exceso de ayuda social a los extranjeros en detrimento de lo que la Administración da a los españoles.
El tema que une a españoles y marroquíes depende de la comunidad en la que nos fijemos. La opinión mayoritaria entre los españoles a los que se tuvo acceso en la investigación es que no hay puntos de unión y que se trata de modos de pensar “radicalmente opuestos”.
Aunque una opción minoritaria se muestra tolerante con aquellos marroquíes que considera que han evolucionado, es decir, los que se comportan como nosotros. Se trata de una visión un tanto paternalista y etnocéntrica de los marroquíes que les considera como “atrasados”, pero que gracias a vivir en España “evolucionarán”. Con todo, este segmento se muestra más receptivo a la convivencia intercultural que la gran mayoría de los españoles.
Por su parte, la condición migratoria y mayoritaria de lo marroquíes les hace buscar puntos de encuentro entre ambos países, pues resulta necesario para su supervivencia social. Ellos señalan la comida, la música y la familia como puentes de unión entre España y el mundo árabe.
Con respecto a los marroquíes, las mujeres se sienten más adaptadas al contexto español y pese a reivindicar su derecho a poder usar el hiyab sin ser discriminadas, no hacen de ello un caballo de batalla, mientras que entre los hombres se aprecia mayor dificultad de compatibilizar la identidad religiosa musulmana, tal y como la viven actualmente, con la sociedad española.
Sin embargo, esta oposición masculina ocurre fundamentalmente a nivel discursivo. Existe una gran diferencia entre los principios que se dicen sostener y la práctica. Precisamente, es en la práctica, en el día a día, donde se buscan soluciones concretas que solventan problemas específicos y hacen posible una convivencia armoniosa.
–¿Qué beneficios trae a la comunidad la convivencia entre españoles y marroquíes?
– Los beneficios de la convivencia entre las dos comunidades deberían ser la tolerancia mutua, pero desgraciadamente esto no es siempre así. Los españoles no quieren dejarse influir por la comunidad marroquí a quienes consideran “atrasados”. Los marroquíes marcan unos límites cuando perciben que esa convivencia supone un peligro para la propia identidad.
–En Melilla se ha producido en los últimos años un cambio en la vestimenta de los musulmanes, que optan mayoritariamente por usar la chilaba y el pañuelo. Sin embargo, en Nador los marroquíes optan por vestir de forma más occidentalizada. ¿A qué cree que se debe esta actitud?
– Lo que comenta con respecto a la forma de vestir en Melilla y Nador no es exclusivo de estas ciudades. Acabo de pasar cuatro meses en Túnez y la gran mayoría de la población urbana, no sólo las élites económicas o intelectuales, descubre con asombro y una alta dosis de rechazo cómo cada vez más mujeres usan hiyab.
Sin embargo, no dejan de ser una minoría. En los países de origen, modernizarse es occidentalizarse y ello se ve como una forma de adquirir grados de libertad. No usar el hiyab ha sido hasta ahora en el mundo árabe un sinónimo de libertad femenina.
Cuando los musulmanes son minoría, acrecientan su sentimiento de comunidad y de pertenencia al grupo y se dan procesos conservadores. En esos contextos y siguiendo el ejemplo del hiyab, no ponerse el velo islámico se ve como una “pérdida”. ¿Qué se pierde? Una identidad que, en inmigración, se construye fundamentalmente desde un punto de vista religioso, algo que no ocurre en lugares de origen.
–¿Qué impacto cree que puede tener el efecto de los yihadistas del Estado Islámico en la aceptación de los marroquíes musulmanes en España?
– Con respecto a los españoles, la radicalización del mundo islámico justifica los estereotipos y sobre todo, esencializa al otro. Es decir se le niega la posibilidad de cambio y se deja de analizar lo que ocurre desde un punto de vista socio-histórico. El otro es así, casi, porque lo lleva en el ADN. Barajo como hipótesis, habida cuenta de investigaciones hechas en Madrid tras 2004, que la mayoría de la comunidad musulmana se esforzará en mostrar al mundo (español en este caso) cómo ser un “buen musulmán” y qué implica esto.
La estigmatización refuerza la identidad islámica. Esto es, habrá gente que se hará más “activa” en asociaciones para organizar actividades que den a conocer lo que es el Islam y mostrar a la gente que los asesinos no son musulmanes. Mostrar, en definitiva, otro modo de ser musulmán, el que ellos consideran que es el auténtico.
Se trata de un proceso muy humano y muy lógico: cuando atacan algo que quieres, lo defiendes mostrando que no es así.
Asimismo, otros musulmanes como resultado de la estigmatización optarán por “occidentalizarse” y asimilarse al máximo en la sociedad de acogida. Suele ocurrir con gente de clase media. Ven en ello una estrategia de ascensión social y de integración. Querrán identificarse más con la sociedad en la que viven que con la comunidad a la que pertenecen. Pero en este caso se trata de un proceso muy minoritario.





