No hay nada peor que una Policía mal dirigida. No hay mayor cadena de errores que los que pueda cometer una serie de agentes a los que su Jefatura no aclara las órdenes y el margen sobre el que éstas deben ser aplicadas. Las directrices del jefe superior Pedro Luis Mélida parece que no son lo claras que debieran desde el momento en que los periodistas nos convertimos en objeto de control en lugares públicos. Que se esté fotografiando la salida de escolares del CEIP ‘Príncipe Felipe’ atendiendo la reclamación de los padres y que agentes del CNP reclamen la documentación a personal de esta casa impidiendo la realización de fotografías en lugares públicos es un auténtico atentado contra el derecho a la información que nos ampara, además de ser una metedura de pata descomunal ejercida por quienes o no saben hasta qué punto quedan limitadas sus órdenes o, peor aún, obedecen directrices de unos superiores que parece controlan la Jefatura como pollos sin cabeza. Un periodista rodeado de agentes tiene siempre las de perder, por mucho que se identifique plenamente o tenga que responder a las más absurdas preguntas del tipo “¿pero usted es redactor o fotógrafo?”. Y eso es lo que sucedió ayer cuando un profesional de esta Casa se encontraba fotografiando la salida de escolares del ‘Príncipe Felipe’. No pudo trabajar con la libertad que le acompañaba porque la Policía Nacional decidió que no era su día. Incongruentemente le impidió realizar fotos en ¡un sitio público!, después le coaccionó ‘recomendándole’ que le enseñara las fotos sacadas previamente y borrara las que consideraba que no debían estar en la cámara y, finalmente, le pidió la filiación, antes de advertirle de que ellos representaban a la Jefatura ante la intención de nuestro periodista de llamar a la sede central para pedir que alguien le explicara la raíz de tamaño esperpento.
No es la primera vez que, siempre en el mismo escenario, la prensa topa con agentes que vetan la realización de nuestra labor por puro desconocimiento. Pero de eso no tenemos culpa la Prensa, que no tiene por qué perder un trabajo por la inexperiencia de otros.
Si las directrices de la cúpula son claras y no se juega con medias tintas no pueden producirse este tipo de situaciones que tienen un único resultado fatal: a un periodista le fastidian su trabajo, le hacen perder fotografías y de nada sirven las posteriores disculpas porque el daño ya se ha producido.
Los periodistas no quieren disculpas, quieren que se les deje hacer su trabajo sin sentirse acosados cada vez que, sabiendo sus derechos, se ven interrogados por agentes mientras la Jefatura utiliza una doble cara difundiendo una cercanía a la prensa en los actos oficiales, aludiendo a su afán de colaboración, mientras que no deja perder oportunidad para permitir que sigan cometiéndose este tipo de errores.
Esperemos que esta sea la última.





