La frontera entre España y Marruecos volvió a registrar una madrugada de tensión. Decenas de intentos de cruce a nado protagonizados por hombres, mujeres, niños, pero también personas con discapacidad.
Esto pasa muchas más veces de las que se cuentan. Y cuando se narra no se llega a conocer realmente todo lo que pasa en el mar.
Las situaciones son extremas, los rescates arriesgados. La Guardia Civil salva muchas vidas en la frontera sur, aunque ese reconocimiento a su labor no llegue ni de la forma ni en el momento que debiera.
Los ceutíes no están sobre una embarcación del Instituto Armado viendo qué sucede en el mar, pero de lo poco que trasciende existe el convencimiento de la valentía e implicación de unos agentes sometidos a una presión constante en una línea fronteriza imprevisible.
Decenas de marroquíes quieren huir de su país. Son los conocidos como nadadores, los que aprovechan madrugadas de niebla o no, los que emprenden rutas cada vez más abiertas para no ser detectados, lo que aumenta el riesgo de muerte o desaparición.
Cada madrugada, la Guardia Civil funciona como una máquina con las piezas bien colocadas -aunque escasas- para evitar tragedias, con coordinación entre quienes tienen encomendado el control a través de cámaras como los que deben actuar en tierra y en mar.
La madrugada del sábado a domingo fue otra jornada complicada. No siempre ocupa relevancia a nivel nacional, ni siquiera local, pero en el convencimiento de los agentes que han participado en rescates y avisos queda el saber que hay quienes siguen vivos gracias a ellos.
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