Esperpéntica la visita de la secretaria general de Inmigración a Ceuta. Y más esperpéntico aún el canutazo previsto ayer en la Delegación del Gobierno para que la señora Del Corral soltara su aprendido discurso sin permitir, en principio, preguntas de los medios de comunicación, haciendo defensa de la más terrible de las censuras. Finalmente sí se permitió que las hubiera, pero, a tenor de las respuestas, daba igual una cosa que otra. Que toda una secretaria general de Inmigración diga que “la actual situación que se está viviendo”, con la salida masiva de pateras y la muerte de decenas de inmigrantes, se asume “con tranquilidad, porque tenemos los mecanismos para afrontarlos, contando con la ayuda humanitaria para acogerlos” es un insulto a la inteligencia. Casi hubiera preferido que la señora Del Corral hubiera optado por no contestar, ya que hay que ser muy irónica para utilizar el término “tranquilidad” cuando se ha producido una de las mayores tragedias en el Estrecho, con 40 personas dadas por desaparecidas sin que Marruecos haya permitido la entrada de Salvamento Marítimo en sus aguas para localizarles. El término ‘desaparecido’ viene a significar la imposibilidad de que un Estado concrete si esas personas, tratadas como números, murieron o no. Yo me fío de los testimonios de los supervivientes, de las cifras de ocupación dadas por ellos y entiendo que toda una secretaria general de Inmigración se sienta encorsetada en un discurso que su jefe le ordena difundir. Por eso, quizá, hasta hubiera preferido que callara.
Chirría también escuchar al delegado. A Pacoantonio, el que siendo diputado decía las verdades sobre esa cooperación marroquí, pero ahora, siendo delegado, debe cambiar el discurso y decirnos eso de que “lo único que ha cambiado es el apoyo de Marruecos, su colaboración está siendo muy efectiva... también lanzan sus patrulleras para colaborar con la Guardia Civil y Salvamento... estas relaciones están dando sus frutos”.
La colaboración yo la entiendo de manera más amplia, y va más allá de blindar un espigón mientras se permite que decenas de hombres, mujeres y niños mueran y, peor aún, no permita que se les busque. Esa sería la colaboración auténtica, no otra. Pero ahora interesa otro discurso. Los políticos no defienden ni la verdad ni los intereses comunes, su acción se basa en evitar que haya problemas para sus propios intereses mientras dura su mandato. Y en esas esta el PP, en vendernos un discurso tan vil que es capaz de asumir como normal una de las mayores tragedias ocurridas en el Estrecho sin dar pie, siquiera, a una crítica. ¿Para qué?, ¿para que se les joda su particular momento paradisíaco?
Las leyes en materia migratoria están para cumplirse, pero no dicen que para ello haya que violarse los Derechos Humanos, haya que amparar las irregularidades que comete otro Estado, haya que agachar la cabeza cuando se está atentando contra los derechos básicos de otra persona. ¿Tan poco hemos avanzado en derechos o es que seguimos en la época en que inyectaban a los inmigrantes haloperidol para llevarse a los negros en el avión?
En mi básico esquema mental no cabe este lenguaje, es más, humanamente me da asco. Si a otros les gusta adecuar su tarjeta de presentación de demócratas a los momentos... son libres de hacerlo, pero la memoria colectiva debiera ser más amplia y sobre todo más ajustada a la realidad.
Ni el PP ahora ni el PSOE antes han sido capaces de llevar adelante leyes migratorias consistentes. Ambos gobiernos, además, han cometido el mismo error: colocar a secretarias generales de Inmigración de chichimona. No se les puede pedir más, quizá lo hagan con alguna intención.
Yo me quedo con mis pensamientos, intentando encontrar el sentido de ese término: “tranquilidad”, con el que Del Corral analiza la inmigración actual. Ojalá fuera realmente tranquila, ojalá no hubiera que escribir crónicas de naufragios, de muertos que no se buscan porque a Marruecos no le da la gana, ojalá blindar un espigón fuera la clave. Pero no lo es, ¿acaso les importa?






