De nuevo los transportistas se han enfrentado a una noche de presión en el puerto. Un puñado de guardias civiles y los propios camioneros se han visto obligados a sacar a decenas de inmigrantes que se habían introducido en los vehículos repletos de chatarra. Moviendo las cargas, arriesgándose a morir aplastados por ellas. La situación es extrema, tanto que ya se está advirtiendo de que puede ocurrir otra tragedia. Y así estamos, incapaces de poner una solución inmediata a pesar de las Juntas de Seguridad y del anuncio de estudio de protocolos. Mientras esto pasa el riesgo existe y aumenta. Y lo más grave: estamos echando sobre las espaldas de unos trabajadores la obligación de convertirse en una especie de vigilantes de seguridad. Esto no se ve en ningún puerto de España: ¿transportistas que tienen que estar sacando a personas?, ¿y qué sucede si hay un accidente?, ¿quién les respalda?
La Autoridad Portuaria está preocupada por la situación, trabaja con su presidente a la cabeza en intentar reorientar la dejación existente pero esto no basta, hablamos de un asunto de seguridad importante que supera a la propia Autoridad y que requiere de un plan inmediato. Porque lo que no se puede consentir son las imágenes que vemos a diario, las situaciones de tensión que se viven o el poner en riesgo a trabajadores e inmigrantes porque las administraciones no son capaces de dotar a todo esto de la urgencia merecida.
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