Lo que ocurre en la maraña y los entresijos de asociaciones religiosas y culturales ceutíes, integradas y dirigidas por personas de la comunidad musulmana rozaría lo pintoresco, si no fuese porque se encuentra realmente más cerca de lo delictivo. Con no pocas dosis de ingenuidad, que nos remiten al optimismo antropológico del anterior Presidente de Gobierno, el señor Zapatero, el actual Presidente de Ceuta, el señor Vivas, viene financiando a asociaciones religiosas musulmanas en la creencia de que tratándose de ciudadanos españoles iba a cumplirse su propósito de establecer sobre las mismas un control que no tiene. Cómo iba a ser posible lo que pretende el señor Vivas sobre tal enjambre de asociaciones, de las que casi la mitad son poco menos que fantasmas, integradas por un puñado de personas, que se repiten como miembros de otras, que tienen además el mismo domicilio social (algo veraz y comprobable).
¿A nadie se le ha ocurrido exigir las últimas actas a estas asociaciones para comprobar la veracidad de sus actuaciones y gastos originados por las mismas? Pues así habría de ser cuando se trata de dinero público que sale del bolsillo de todos los contribuyentes, musulmanes y no musulmanes.
Si todo ésto no deja de ser poco ajustado a la reglamentación que encauza la política de subvenciones públicas, cuando se trata además de que algunos por ejercer de musulmanes (¡como si se tratase de una profesión!) no sólo no aportan nada a la paz pública, sino que son claros adversarios de la misma por su prédica radical, el asunto adquiere ribetes más serios y preocupantes. Lo que faltaría sería que estuviésemos financiando actividades de salafistas y otros extremistas similares.
Tendría que tomar ejemplo el señor Vivas de su homólogo el Presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, que, al parecer, no suelta un euro a todas esas cofradías de farsantes. Quizás ahí esté la explicación del por qué algunos han emigrado de una ciudad a otra para ejercer de profesión musulmán.
La propuesta alternativa es que todo, o parte de ese dinero mal empleado, vaya a saberse dónde destinado, para provecho de quién y escamoteado al ojo de la Agencia Tributaria, tenga que ser justificado de forma rigurosa para que nadie tenga que comparecer ante los Juzgados a dar explicaciones que comprometan a algunos y acaben tiznando con grueso trazo a los responsables máximos de todo el tinglado. Cuánto mejor no habría sido dedicarlo a financiar proyectos serios para recuperar a todos esos jóvenes de las barriadas necesitadas, que más temprano que tarde arruinan sus vidas en la cuneta del anonimato de los pobres. Esperemos que las autoridades tengan capacidad de reacción y comience a abrirse la esperanza para muchos muchachos que de esa forma pudiesen llegar a vislumbrar un futuro más digno que el destino de la barbarie siria, pongo por caso. Podrían comenzar con una campaña de sensibilización de la juventud, pero sin acudir a los nefastos indoctrinadores de siempre. Más pan y menos falsos profetas.





