Hosain Mohamed se declara en huelga de hambre tras esperar 32 años una respuesta a su reclamación por un accidente en una torre de alta tensión
Ocurrió un Viernes Santo, 8 de abril de 1982, fatídico día en que Hosain Mohamed Hachmi Buchnani, siendo entonces un niño de once años, estuvo muerto en vida tras sufrir un trágico accidente, una descarga de más de 15.000 voltios en una torre de alta tensión durante más de dos horas que, milagro de la existencia, no terminó con él aunque le dejó secuelas de por vida.
Pero no son las secuelas físicas, evidentes cuando se tiene frente por frente a este hombre natural de Ceuta, casado y padre de cinco hijos, las que más duelen a Hosain sino que son “las otras” las que le han hecho declararse en huelga de hambre y echarse a la calle, pancartas en mano, frente a la sede de la Delegación del Gobierno: “Llevo desde el accidente esperando que se me escuche, que se me tenga en cuenta, que se me indemnice o, por lo menos, que un juez me diga que no me merezco paga alguna mirándome a los ojos”.
Por inverísimil que parezca, Hosain, quien ha movido mar y removido tierra para ser “sólo escuchado”, ha sufrido como pocas personas la desidia de los órganos competentes: “No me entra en la cabeza que durante 32 años me digan una y otra vez que el proceso está curso”. Pero la esperanza de Hosain tiene un límite, máxime cuando en este tiempo ha denunciado el caso en distintas instancias judiciales y entidades sociales y acudido a diversos medios de comunicación. “Hasta he elevado un recurso ante el Tribunal Supremo”, dice al respecto Hosain, “he mandado cartas al presidente del Gobierno, me he puesto en contacto con los distintos defensores del Pueblo que ha habido y siempre he sido ignorado y, es más, he recibido un trato como si yo fuera un animal rabioso y no una persona”.
Con voz firme aunque dolida, Hosain recuerda la noria trágica en la que ha girado desde el accidente: “Mientras me quemaba, me negaron el auxilio al considerarse entonces que la procesión del Viernes Santo era más importante que la vida de un ser humano y hasta hoy sigo padeciendo las negligencias e irregularidades de la Justicia para resolver mi caso, el cual es una causa justa que, además, podría haberle ocurrido a cualquiera”. “Y como demandante y recurrente”, sigue explicando Hosain, “nunca fui notificado, requerido o emplazado para asistir a ningún juicio para que se valorara si quiera alguna prueba que la Justicia estimara de importancia para llevarla a la práctica y luego a una conclusión”.
Esta lánguida ausencia de atención merece para Hosain una clara valoración: “Violación de los derechos más elementales para el ser humano”. Por tal motivo, y ya casi como última medida de protesta, o sea antesala de arrojar definitivamente la toalla y abrazar a la parca, Hosain recoge firmas “para ver si de este modo me hacen caso de una vez por todas”. “El motivo de mi declaración de huelga está de sobra justificado y si no se pone solución a mi situación, que es insostenible, llegaré hasta la exasperación total”, anticipa.
En huelga de hambre desde el pasado 13 de junio, “sólo tomo agua y azúcar”, precisa el hombre, Hosain hace hincapié en un punto: “No estoy pidiendo limosna, sólo Justicia”. Solicitud que le hace soportar secuelas eternas, esas que rasgan el alma hasta que la muerte llega.






