La reforma del IPSI es una medida que necesita nuestra ciudad para dinamizar su economía. Un impuesto indirecto que se ha quedado algo obsoleto en su funcionamiento después de quince años, aunque hay que reconocerle que ha sido y sigue siendo un instrumento importante para asegurar la financiación de la institución autonómica. Ahora ha llegado la hora de la modernidad, de igualarlo con el IGIC canario que al fin y a la postre funcionar de manera muy parecida con el IVA. Además, entre las propuestas que se pretenden introducir hay algunas que por supuesto supondrían una posibilidad abierta para la atracción de compradores, tanto del otro lado del Estrecho como del país vecino. Las reformas que se deben ir introduciendo supondrían que determinadas áreas fueran mejorando y de esta manera nuestra ciudad ir potenciando su tejido productivo para, de manera principal, acabar con esa lacra que se llama paro.





