

Pasan los años y la tecnología cambia el mundo casi de pies a cabeza. Quién hubiera dicho hace apenas un par de lustros que los móviles fueran como son hoy.
El progreso, pues. Ese que hará, a buen seguro, que pasados otros diez años, esos mismos teléfonos que parecen la panacea de la modernidad, sean vistos por las nuevas generaciones de entonces, y por nosotros mismos, como meras antiguallas, objetos de culto y casi de anticuario.
Pero entremedio de esta vorágine, ya sea en el Perú, o en Japón o en Alemania, o en el África profunda, hay un aparato –¿mágico?– que resiste el paso del tiempo y que luce su infinito encanto para gloria de un puñado de oyentes, de fieles: la radio. Y con este aire de homenaje, 'La radio de la portera', a cargo del Centro Dramático de Ceuta, se representó anoche en el Teatro Auditorio del Revellín, arrancando además la risa de los presentes, como ya había anunciado en la previa la propia compañía: "Hemos tratado de que la risa esté presente desde el principio, con las peripecias que van sucediéndose en un programa radiofónico muy diverso y en directo para que el espectáculo sea atractivo a todo tipo de público".
Bajo la dirección de Manuel Merlo, y la participación de una quincena de artistas, entre el reparto y los invitados, y a través de un programa hilarante, la trama recorrió el camino por los senderos de la radio en directo, surgiendo, por ejemplo, ínclitos cantantes, números uno de las décadas de los cuarenta y cincuenta en España y, en definitiva, espacios atractivos sacados de épocas pasadas como por un juego de magia que, en realidad, es el mismo que hace posible las voces eternas de las ondas.






