Los 20 costaleros de La Pollinica, la cofradía que este año se ha encargado de trasladar al Santísimo, cumplieron su labor a la perfección, ajenos a cualquier atisbo de polémica suscitada por el papel del Ejército en los actos religiosos.
En efecto, el de ayer fue un día histórico en la celebración del Corpus Christi, ya que es la primera vez en que los militares no rinden honores a las imágenes religiosas. Por tanto, el piquete de la COMGE compuesto por una sección de Regulares, y otra de la Compañía de Mar de la ULOG-23, con bandera, escuadra, banda y música, no pudo presentar armas ante el Sagrado ni interpretar el himno nacional, así como tampoco saludar.
Sin embargo, la banda de música de La Amargura sí tocó las notas del himno de España cuando los costaleros salieron de la Catedral, de manera que, como manda el nuevo reglamento militar aprobado el pasado 20 de mayo, los soldados adoptaron la posición de firmes y los mandos saludaron. En concreto, adoptaron la posición de saludo el capitán al frente del piquete y los oficiales que encabezaban cada una de sus secciones, además del cabo al frente de la sección de gastadores.
Lo que sí hicieron con normalidad fue continuar integrados en el séquito de la procesión durante todo su recorrido. Un séquito que encabezaron los niños y niñas que esta primavera han hecho su primera comunión y por la banda de música de La Amargura. Después, representantes de todas las cofradías en estricto orden de antigüedad. Al fin, las autoridades eclesiásticas precedían al Santísimo, y después de él las civiles y militares.
Además, tal y como establece el reciente reglamento, los militares sí rindieron honores al presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, al tratarse de un acto institucional. Lo hicieron cuando Vivas entregó el pendón a general Vidal de Loño.









