La situación no es buena. De hecho, va a peor. La X Asamblea General de la Red Europea contra la Pobreza, recientemente celebrada en Alcalá de Henares y que ha contado con la presencia de la presidenta de la entidad en Ceuta, María Miaja, ha sacado a la palestra las deficiencias de unas políticas que imponen recortes que dificultan el poder mejorar. “Nosotros seguimos luchando para llevar a cabo los programas de EAPN y esperamos ayudas como la del IRPF para poder continuar”, apunta Miaja. Junto a ella, representantes de otras 15 entidades que configuran la red en España pusieron sobre la mesa sus preocupaciones.
Todos juntos, han elaborado un documento en el que ponen de manifiesto que en España “estamos asistiendo a una ‘naturalización’ de los problemas con la excusa de la crisis económica y financiera. El sistema dominante está haciendo esfuerzos ingentes en ‘normalizar’ la situación de fractura social que vivimos. Se está agudizando la ‘polarización’ social, y esto tiene como resultado un aumento de la desigualdad”. De hecho, se han ofrecido datos como el de que España es el país con mayor desigualdad de toda la Unión Europea.
Lamentan que las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis “sólo han beneficiado a los causantes de ésta, mientras han atacado directamente la línea de flotación de las personas más vulnerables, acentuando su situación de pobreza y exclusión social, y están empujando al riesgo de exclusión a sectores cada vez más grandes de la población”. Y han criticado que las políticas actuales están generando empobrecimiento y pérdida de bienestar, debilitando la cohesión social.
De hecho, han asegurado que el bienestar y la cohesión social son dos caras de la misma moneda, y se consiguen a través de muchas políticas, pero en este contexto tiene especial relevancia la lucha contra la pobreza y la exclusión social, que no consiste sólo en procurar seguridad material, sino en desarrollar estrategias integrales hacia la inclusión social.
En la Asamblea se ha concluido que en la actualidad “vivimos un proceso histórico que reenvía el compromiso del bienestar a las posibilidades del individuo, rompiendo así los lazos que en la sociedad generan cohesión social. Para sectores muy importantes de la sociedad esos bienes quedan fuera de su capacidad individual. No se trata sólo de pérdida de derechos, sino de pérdida de las condiciones de una vida digna”.
En este escenario de cambio de modelo social, las ONG de acción social deben por tanto recuperar la solidaridad y poner el bien común en el centro. Deben construir un nuevo modelo que ponga el acento en los derechos sociales como base de la sociedad y la democracia. Inciden por último en que “no somos herramientas auxiliares que palian el abandono de las administraciones, sino que acudimos al rescate de las personas más vulnerables”.






