Un intervención sencilla para los efectivos del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento de Ceuta (SEIS) como es un rescate vertical se convirtió el viernes pasado en una pesadilla que, por fortuna y gracias al dispositivo de emergencia desplegado, no acabó en tragedia.
Iván García y Arturo Romero, los bomberos que recibieron cerca de 300 picotazos de abejas –entre los dos– cuando rescataban a un subsahariano que se cayó por un barranco saltando la valla del perímetro fronterizo en las inmediaciones de la construcción de la nueva cárcel, relatan un servicio que resultó ser poco predecible debido a la acción de esta fuerza de naturaleza indomable.
Sobre las 17.00 horas, el Parque de Bomberos recibió el aviso de que un inmigrante se había precipitado por una vaguada junto a la valla. Hasta el lugar indicado, las inmediaciones de la construcción de la nueva cárcel, se desplazó una dotación completa de Bomberos: un mando, un conductor y tres efectivos. El rescate requería de planificación previa, así que García y un mando se adelantaron para estudiar la situación sobre el terreno. “Se trataba de un lugar de difícil acceso”, describió uno de los efectivos accidentados.
El servicio resolvió que la mejor forma de recuperar al subsahariano del vacío era mediante un tendido de cuerdas con camilla, un sistema conocido como rescate con un torno evak 500. Este dispositivo, destinado a profesionales formados en operaciones de salvamento, permite que la plataforma descienda hasta el punto en el que se encuentra el accidentado para, mediante tracción, izar a la víctima hasta la superficie una vez garantizada su seguridad.
Amarrados a la camilla, Romero y García fueron los compañeros designados para guiar al subsahariano y asistir en su elevación hasta la parte superior de la vaguada, donde el mando y otro compañero les esperaban. Ambos bomberos, sujetos como medida de seguridad, comenzaron a ser descolgados hacia su objetivo que, describieron, cada vez estaba más cerca.
Cuando prácticamente habían tocado suelo, “pisamos un panal y, de repente, estábamos envueltos por el enjambre”, rememoraron. “La nube de abejas se vino sobre nosotros y nos picaban desde todos los flancos, incluso nos perforaban la ropa”, explicó Romero. Un ataque masivo que ocurría ante los ojos atónitos del extranjero, quien no recibió aguijonazo alguno pese que iba sin camiseta.
Estos profesionales, suspendidos de las cuerdas, quedaron a merced de los insectos que se cebaron con ellos sin poder librarse de las sujecciones. “Estábamos atados y eso nos impedía escapar, así que intentábamos soltarnos a toda prisa; las abejas no paraban de darnos picotazos”, relató Romero. “Pánico, angustia y tensión” son algunas de las sensaciones que les albergaron en aquellos momentos de “histeria” hasta deshacerse de las cuerdas. El mando en la cima tenía la visibilidad limitada y solo conocía del ataque de las abejas a sus efectivos a unos 60 metros por el sistema de radio.
Tras desatarse, ambos cayeron sobre unas zarzas que se encontraban cinco o diez metros y corrieron envueltos por el enjambre hasta una charca de agua estancada de unos 30 centímetros de profundidad. “Nos revolcamos en la poza y las abejas nos dejaron de forma automática, aunque ya estábamos llenos de picotazos”, señalaron. Fue cuando comenzaron a mostrar los síntomas más avanzados de una alta concentración de veneno: vómitos y mareos que acabaron con el shock anafiláctico de García, quien se golpeó la cabeza contra una piedra al caer. “Si alguno de los dos fuera alérgico, no lo hubiese contado”, auguraron.
En el lugar se personó parte del SEIS, tras atender el incendio en una vivienda, puntualizaron, y los bomberos ya iban equipados con un traje similar al de apicultor que les permitió acceder hasta la zona, sacar a sus compañeros y al subsahariano de allí. Una unidad del 061 y un bombero graduado en Enfermería atendieron, en un primer momento, a los accidentados hasta que fueron llevados al Hospital. Ahora se recuperan junto a su familia y agradecen la labor del SEIS, 061 y Guardia Civil.
“El panal estaba en un termo que alguien colocó allí”
Iván García, uno de los dos bomberos ya dados de alta después del incidente del viernes, aseguró que en la vaguada donde sufrieron el ataque del enjambre “se crían abejas en panales artificiales” ya que, en aquella zona, “no existen panales naturales”. Este profesional señaló que los insectos estaban “muy exaltados” y que, si pisaron algo, “fue sin darnos ni cuenta”. Arturo Romero, el otro profesional damnificado mientras prestaba servicio en el rescate de un inmigrante que se precipitó por un barranco con una pendiente superior a los 45 grados –de acuerdo con las estimaciones de su compañero–, recordó que se encontraba en el interior de “una especie de termo de agua envuelta en plásticos de color negro” difícil de distinguir entre la maleza. “Alguien lo colocó allí”, señaló Romero, pero en ningún caso como medida disuasoria por razones desconocidas, sino porque alguien “produce miel allí”. Romero explicó que los propios guardias civiles que prestaban servicio les comunicaron que se podría abrir una investigación sobre el origen de la colmena e incluso que solicitarían a Bomberos sus monos de apicultor para regresar a la vaguada. En estos momentos, ambos bomberos se encuentra de baja. Además del tratamiento por el veneno de las abejas, García sufrió un golpe en la cabeza al desvanecerse y Romero se hizo un esguince en la caída o la carrera a la poza.






