Como el escritor que recobra la memoria a un paso de la postración. Como el arco de colores que se abre tras la lluvia fina de los pensamientos. Así de oportuna es la mediación del lenguaje, así de necesaria. Como el caminante que avanza por el laberinto incierto de lo efímero y lo eterno. Así es la fortuna del lector que se reencuentra con su sueño. Así de insatisfecho.
¿Y si aprendiese a vivir con la mirada fija en el libro abierto de los momentos, que aparece vacío ante la mirada distraída de los duendes? El contento no tendría fin y un ángel con alas de fuego me despertaría de la ilusión, y dictaría el comienzo del espacio y del tiempo.
Puedo concebir la infinitud, es cierto, ¿pero qué pasa con las luces que se apagan? ¿Quién se beneficia de nuestros miedos? ¿Acaso no es un universo de luz quien sonríe con nuestros versos? ¡Ah, la creación, quien la tuviera! Unas veces me hace sentir con rabia y otras se aleja.
Pero tras la línea del horizonte, que se pierde por la redondez de la tierra, aparece un ser ingrávido: el lenguaje escrito.
Con sus leyes justas y con sus miserias. Una certeza: sólo el peregrino conocerá de cerca los secretos del camino. No se hizo el pan en un día.
En mi opinión, el lenguaje escrito es el principal indicador de la evolución humana. De tal manera que su defecto, la incomunicación, deja yermos los campos del entendimiento.
Deberíamos dar prioridad a cómo nuestros retoños aprenden la gestualidad del lenguaje, en la seguridad que mejor habla es mejor vida, es fuente de mañana, es garantía de futuro.
La naturaleza exhibe su lenguaje con el ritmo de las estaciones. Corresponde a los hombres imitar con palabras el vuelo de las mariposas, el brinco del saltamontes, y la danza de las abejas, cuya sociedad procura el fruto de la miel (el néctar de la paciencia diría alguno).
Frente a ello, el otro eje de coordenadas, el lenguaje del dinero, ¿qué extrañas leyes y propiedades nos llevan a su encuentro?
Veo con pena como los próceres, al hacer balance de cuentas (esos oráculos de la posmodernidad) amalgaman un lenguaje encorsetado, sin matices, ni colores, sin diseño, sin alma, sin mordiente.
“Esto es A, lo único posible. Esto es B, la ruina” (todo el rato).
¿Qué hay de una visión más humanista de la historia, qué hay de las aristas del alma humana? ¿Hasta cuándo el descuido del mayor legado que tuvieron los hombres: el lenguaje? ¿Hasta cuándo la Torre de Babel? ¿Acaso no somos iguales en la necesidad?





