Lo que a diario sucede en la frontera no tiene nombre. Tampoco que la autoridad competente, es decir, la Delegación del Gobierno, comparezca para cuanto menos informar a la población sobre lo que está pasando. No va a solucionar nada esa comparecencia, pero sirve para cuidar unas formas a las que se debe el delegado del Gobierno. Quemarse por Ceuta de boquilla lo hacemos todos, dar un paso más y asumir todos los frentes abiertos con la compostura que los ceutíes se merecen parecen ser palabras mayores si quien debe responder es el protegido de don Juan.
La frontera está muerta, tan muerta como las relaciones con Marruecos, aunque entre todos paguemos sueldos a supuestos asesores de fronteras que vendieron ‘dar con la tecla’ de todos los entuertos habidos y por haber. Las escenas que a diario se ven (o no) son tan desastrosas y de tal gravedad que toda la ciudad las termina padeciendo. Resulta irónico (parece un chiste) que el mismo día en que Ceuta quedaba bloqueada y su frontera cerrada, se organizaran unas jornadas comerciales para captar al cliente marroquí. ¿A cuál?, ¿al que se queda cinco horas en una cola y desiste de entrar a gastar dinero, a trabajar o a conocer la ciudad? No sé, o se están riendo de nosotros o sencillamente mantenemos a unos incapaces prepotentes que ni siquiera dan valoraciones sobre lo que está pasando en nuestra ciudad.
¿Tan poco valemos?, ¿nos merecemos este desprecio?, ¿debemos soportar unas retenciones que terminan afectándonos a todos?, ¿no existe responsabilidad política ni necesaria comparecencia pública? A este nivel hemos llegado, al punto de soportar la escenificación de un panorama desastroso marcado por el fracaso diplomático, por los ataques político-empresariales cuyos tiras y aflojas repercuten en todos, amén de la incapacidad manifiesta por adoptar soluciones.
Ceuta es el vivo ejemplo, hoy por hoy, de una merma absoluta de su libertad, de un boicot claro permitido por las autoridades al ejercicio libre de tránsito y comercio. Las libertades han sido usurpadas hasta el punto de cerrarnos cualquier posibilidad de negocio, movimiento, relaciones personales... y ante todo esto, encima, nos obligan a callarnos, les molestan nuestras críticas, nos atacan con artes maliciosas para callarnos la voz, nos amenazan. ¿Quiénes se creen que son?, ¿algo peor de lo ya demostrado? Puede. Aún les queda tiempo.





