Comienzan las jornadas jurídicas en nuestra ciudad. La octava edición de una apuesta que comenzó como una aspiración por lograr un hueco en la agenda de actos relevantes y que, por méritos propios, lo ha conseguido. Los ponentes son de altura; cada año se intenta superar el anterior y abordar asuntos que tienen su relevancia por el momento que vivimos y por la repetición de una serie de sucesos que terminan convirtiendo estos temas en motivo de preocupación e interés ciudadano. Sé que saldrán bien, lo sé porque detrás está el trabajo de muchas personas por conseguirlo. Y sé que, de nuevo, serán una referencia y Ceuta se convertirá en foco de reunión de hombres y mujeres de peso en el ámbito judicial. Eso es bueno.
El desarrollo de las jornadas provocará una serie de hechos informativos paralelos que tienen todos que ver con el funcionamiento judicial en nuestra ciudad. Viene el ministro de Justicia y en su agenda trae la visita al extinto Banco de España para conocer el desarrollo de las obras de lo que pretende ser la futura sede judicial. Es tanto el tiempo esperado para contar con una ‘ciudad de la justicia’ y tantos los palos recibidos, que son muy pocos los que tienen esperanza en que el proyecto funcione. Esperemos que el ministro traiga un titular real, que convenza a unos profesionales que llevan tiempo aguantando unas condiciones laborales nada acordes con el papel que desempeñan. ¿O es que el señor ministro ve normal que los fallos informáticos provoquen que haya juicios que se tengan que celebrar a la vieja usanza, ajenos a las novedades tecnológicas? Esto enfada al colectivo judicial pero también repercute en el ciudadano porque sus consecuencias las termina pagando él.
Viene también el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, que algo tendrá que decir de las condiciones en que trabajan los fiscales, de sus infraestructuras, plantilla y recursos. De las atenciones preferenciales que tengan hacia Ceuta dependerá de que sus visitas sean meramente políticas a que resulten efectivas, que es lo que los demás queremos.





