El trabajo realizado por el Banco de Alimentos en Ceuta para ser sede del XX Congreso Nacional se ha ido al traste.
La noticia se conocía ayer. No vendrá a Ceuta ninguno de los representantes de los bancos peninsulares por, entre otros asuntos, la seguridad o las malas noticias que, sobre yihadismo, se conocen a nivel nacional y llegan a los hogares de la península. Sorprendente pero cierto. Los dirigentes de los distintos bancos, personas mayores, no quieren venir a Ceuta porque sencillamente tienen miedo, sienten reparos hacia una ciudad de la que se extrapola una muy mala imagen. Si a esto se le suma el barco o el desconocimiento de la realidad social ceutí se genera una visión sobre Ceuta que nada tiene que ver con su autenticidad pero que termina por frustrar el trabajo de los demás. La labor previa que ha hecho el equipo de Pedro Mariscal es tan loable que resulta injusto que por un desconocimiento de Ceuta se produzcan este tipo de resultados. Resulta injusto para la familia del Banco de Alimentos pero también para todos los ceutíes. Esta no es la Ceuta que habitamos, esta no es la Ceuta que realmente existe, esta no es la Ceuta que rechaza visitas en vez de acogerlas por una mala interpretación de lo que aquí suceda. Esta noticia no debe caer en saco roto. Su contenido es tan preocupante que incluso debería forzar una valoración institucional porque situaciones de este tipo son intolerables, porque así esta ciudad no puede avanzar porque lo sucedido no es justo.





