“La Historia nunca es objetiva”

El catedrático Antonio Carmona Portillo (Ceuta, 1948) decidió jubilarse en 2008. Pero jubilarse no significa retirarse. El profesor dejó las aulas de un instituto y se dedicó por completo a sus dos grandes pasiones: la escritura y la Historia. Gracias al tiempo que ganó al dejar de enseñar, Carmona Portillo pudo completar el libro ‘El síndrome de Bleuler’, en el que se lanza sin complejos a la ficción. Hoy, a partir de las 18,30 horas, hablará sobre este trabajo en la Bibloteca Pública de la ciudad autónoma.

–Su libra narra las aventuras de Luis Espejo, un hombre que busca la felicidad a través de sus fantasías.

–Luis Espejo es el prototipo de persona que tiene una infancia incómoda. Queda marcado y adquiere esa enfermedad que se llama esquizofrenia. En ella se refugia para encontrar la realidad. Y como no le gusta lo que vive, se crea una realidad interesada. Eso le hace meterse en un ‘thiller’ con situaciones de amor, odio, sexo y violencia.

–¿Hay muchos Luises Espejos en la realidad?

–He usado la enfermedad como excusa para adentrarme en el problema de toda esa gente que no le gusta la vida que vive. Quieren cambiarla y no tienen más remedio que inventarse una para sentirse felices. Sí que hay muchos Luises Espejos.

–¿Vivimos en un mundo de locos?

–Vivimos en un mundo de escasa coherencia, de gente que tiene una paranoia. Acaba convirtiéndose en un mundo de locos. Para algunos, hacer extravagancias y transgredir las cosas, es brillante. Para otros, una catástrofe. Pero, ¿quién de los dos está más loco? Quizás los dos. Tanto el que impide la transgresión como el que vive abocado a la transgresión.

–En los últimos años se repiten los casos de estrés y ansiedad. ¿Algo va mal?

–Es la situación en la que estamos metidos. Sin embargo, la sociedad no nos obliga a nada. Nosotros somos la sociedad desde que dejamos la infancia atrás. Luego, nos metemos en este mundo de agobios del que no podemos salir. Y el que sale es un marginado. Se da esa situación de: ‘pare el mundo que me quiero bajar’. Y todos los demás están dentro de esa rueda, como el ratoncito. Eso provoca un estrés que de vez en cuando se diluye leyendo un libro o escuchando música. Un médico que me aconsejó durante la escritura del libro me habló de eso: el estrés se acumula y es difícil que descienda. Hasta que, como una olla exprés, explota.

–Usted ha saltado de escribir textos históricos a la ficción. ¿Ha dejado atrás un corsé?

–La Historia es mi pasión. No puedo dejarla. Si la dejo, dejo de ser escritor. Hasta de andar. Pero sí que llegó un momento en el  que di por satisfechas mis ganas de investigar. Me entusiasmaba descubrir y encontrar, pero llegó un momento en el que consideré esas ansias ya superadas y decidí entrar en el mundo de la fantasía. Era la forma de descorsetarme de esas reglas documentales que exige la Historia. Muchas veces estas escribendo Historia y te preguntas: por qué no pasó esto y no lo que realmente pasó. Y eso me llevó a la novela histórica y a escribir ‘La ciudad reversible’, un texto que se basa en la historia de Ceuta. Así que, queriendo despojarme de todo tipo de ataduras, me lancé a hacer todo lo contrario. ‘El síndrome Bleuler’ es pura irrealidad.

–¿Puede la ficción ser más real que un texto histórico?

–Ya lo dijeron antes: la ficción supera a la realidad. De todas formas, la realidad histórica es complicada. Subjetiva. Un texto documentado custodiado en un archivo es un texto objetivo. Eso es indudable. Pero la Historia nunca es objetiva. Son los hechos objetivos los que lo son, no su interpretación.

–Usted ha dedicado gran parte de su vida a estudiar la historia de Ceuta. ¿Conoce la población el pasado de su ciudad?

–Habrá parte que no conozca la historia de Ceuta. Si lo comparamos en cambio con el interés de los ciudadanos de otras ciudades, el porcentaje de ceutíes preocupados es mucho más alto. En Ceuta, existe un anhelo por conocer la historia. Todo el mundo quiere saber las razones de la soberanía española. Las interpretaciones, sin embargo, son diferentes.

–En la calle se dice de todo. ¿Portuguesa, española o marroquí?

–La documentación es muy clara (...). El paso de Ceuta a la Corona española fue legal (...). Ceuta quiso permanecer junto a la Corana española (...). Y tampoco hay razón de que se reivindique su soberanía desde un país (Marruecos) que no existía ni cuando se conquista ni cuando pasa a España.

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