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“La gente joven tiene talento y unos cojones formidables”

Maestro de la escena española, Sacristán recuerda a Machado desde las 21:00 en el Teatro l Aún hay papel

Machado, de la mano de uno de los grandes maestros de las artes escénicas de la historia de España. Perfecta simbiosis, pues. Nada menos que el gran poeta y don José Sacristán: “No me jodas, llámame Pepe”, apostilla, con su inconfundible voz, el actor, quien esta noche sale a escena en el Teatro Auditorio del Revellín para, a partir de las 21:00, ofrecer un espectáculo de elevada talla y para el que aún restan entradas por vender. Antes, responde a la llamada de ‘El Faro’ para repasar diversos pasajes de su vida y obra.
–Hábleme del espectáculo de esta noche.
–Es una recuperación de la figura y obra de don Antonio Machado. Inspirándome en lo último que escribió antes de su muerte –estos días azules, este sol de la infancia–, me he inventado un regreso desde Colliure hasta su Sevilla natal. Un viaje de vuelta que, por desgracia, él no pudo hacer. Todo ello a través de músicas próximas a los estados de emoción de cada uno de los poemas seleccionados. Tomo al Machado más político, más íntimo, más festivo, más descriptivo. Las músicas, interpretadas al chelo, son maravillosas.
–¿Sigue vigente Machado hoy día?
–La fuerza y el valor poético de Machado son inmensas y eso permanece. Además, sigue siendo un referente ético y moral. Su voz es la voz de un testigo de un tiempo doloroso y que, a su vez, nos sirve para reflexionar el tiempo que ahora estamos viviendo
–¿La voz de Machado sirve para agitar las conciencias todavía hoy?
–No era un agitador, don Antonio, más bien invitaba a reflexionar, a pensar, a meditar, pero sí, su voz sigue sonando y su mirada de entonces sobre los despropósitos de entonces tiene perfecta aplicación en la España actual.
–¿El teatro de la España de hoy es mejor al que se hacía en la España de Machado?
–El teatro cambia en función del tiempo y de los gustos de las personas. La cuestión es larga, pero por concretar, el teatro sigue ahí, por los siglos de los siglos, siempre debatiéndose entre la precariedad, la dificultad y la inquietud. Pero lo importante es la validez del rito, de la ceremonia del espectador y la función.
–La obra que representa, ¿está delimitada únicamente para un público con ciertos niveles de preparación intelectual?
–Don Antonio no era un intelectual impenetrable, sino que era una persona cercana, próxima. Don Antonio era el clásico maestro de escuela. Era un hombre a ras de tierra y hablaba al oído. Llevo más de dos años haciendo esta función, y he estado casi uno en Argentina con ella, y percibo la complicidad que se crea entre don Antonio y el espectador. Este espectáculo pasa por la emoción, de ahí que para acercarse a don Antonio haya que hacerlo con el corazón.
–¿Cuando anticipa el ‘don’ antes de ‘Antonio Machado’ es porque es uno de sus poetas de cabecera y le profesa una profunda admiración?
–No sólo el poeta, sino el maestro. Y yo a los maestros de escuela les tengo mucho agradecimiento y respeto.
–¿Que le queda a Pepe Sacristán por aprender?
–Pobre de aquel que crea que lo sabe todo. Saberlo todo debe ser un coñazo, un aburrimiento. Digo lo que don Antonio: ‘caminante no hay camino, se hace camino al andar’. Yo aprendo trabajando, investigando, estudiando. De cada personaje que se interpreta, se aprende algo.
–¿Qué le apetece hacer ahora?
–Seguir trabajando hasta que me divierta. Para mí, este oficio es un juego maravilloso. Ahora tengo la posibilidad de elegir y si no me gusta lo que me ofrecen, me quedo en mi casa. Seguiré hasta que deje de divertirme con este juego y tenga fuerzas. Sigo con las series, el cine, mi Machado...
–¿Es el hecho de poder elegir uno de los grandes logros al que puede llegar un artista?
–No te quepa ninguna duda, sobre todo en este país. La incertidumbre, la inseguridad, el cabreo de no saber dónde estarás en una semana es una realidad permanente del actor y yo, afortunadamente, de un tiempo a esta parte, puedo saber qué voy a hacer. Bien es verdad que mis aspiraciones económicas son las que son y no tengo hipotecas que me encadenen a nada. La posibilidad de elegir es magnífica porque no tienes que estar preocupado permanentemente por llegar o no a poder pagar el recibo de la luz, como, de manera lamentable, le ocurre a muchos compañeros.
–Hace un par de semanas, Silvia Marsó manifestó, en una entrevista concedida a este medio, que “con esta política del Gobierno, la cultura estaba herida de muerte”. ¿Está de acuerdo con su colega?
–Totalmente. No estar de acuerdo es un disparate. Estamos hablando de devastadores, de ‘culturicidas’. Es muy evidente el desprecio y la ignorancia total del Gobierno sobre el mundo de la cultura y el espectáculo. Pero en fin: ellos pasarán y nosotros quedaremos.
–Pareciera que en este momento, en plena democracia, haya más dificultades para el artista que en el franquismo, Pepe, toda una dictadura.
–Las dificultades son otras. Antes había un nivel de censura que había que pasar, con lo lamentable que es eso, y ahora el problema tiene otra naturaleza, pues nace del descuido que los gobernantes tienen hacia la cultura.
–Buena parte de su trayectoria profesional se asocia al ‘dandismo’, época que, sin embargo, suele recibir críticas y desprecio. ¿Esto qué le merece?
–Estoy orgullosísimo y honradísimo de esa época con mi hermano Alfredo Landa y mi gran amigo López Vázquez. Sé que hubo películas buenas y otras francamente malas pero siento un profundo agradecimiento por el regalo de poder haber trabajado con ellos. Fue una época de cariño, amistad y buenos ratos.
–Sin embargo, la situación parece no haber cambiado en demasía en el sentido de que la sociedad parece demandar de manera mayoritaria un tipo de arte más fácil, menos cultivado. ¿Qué opinión tiene al respecto?
–Hay un deterioro en general y esto redunda en la cultura. Pero yo estoy trabajando con gente joven y creo que hay un talento y unos cojones enormes, formidables. No estoy tan de acuerdo en eso de que la intelectualidad tiene que ir directamente ligada al espectáculo; hace unos días leí a Woody Allen decir que ‘lo primero es entretener’ y estoy de acuerdo.
–¿Hacer una película mala es fracasar?
–De los fracasos de aprende más de los fracasos, esto es una máxima aplicable a todas las disciplinas. Los fracasos no se me quedan en la memoria de manera particular pero sí, claro que los he tenido. De todas maneras, creo que los éxitos fueron más que los fracasos, ¿no?

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