Categorías: Editorial

La espera tiene un coste

El gobierno que tenía que haber salido de las urnas el pasado 20D parece que aún se va a hacer de rogar. Sigue en el cascarón. Cuando vamos camino de los dos meses contemplando telediario tras telediario que no concluyen en nada tangible las conversaciones entre las distintas fuerzas políticas, observamos señales evidentes de que esta espera tiene su precio.

El IBEX, uno de los indicadores del estado de nuestra economía, se desplomó ayer un 4%. Nuestra bolsa siguió la misma senda que los principales mercados de valores del resto de Europa, pero de manera más acelerada, a un ritmo que sólo pudieron seguir Grecia e Italia, que precisamente no se caracterizan por contar con gobiernos sólidos.
Si la falta de estabilidad política siempre es una dificultad para animar a los inversores, es un serio problema en los momentos actuales, que distan mucho de la bonanza económica anterior a la crisis y que necesitan de una constante supervisión por parte de un Ejecutivo firme capaz de tomar medidas buscando efectividad en el medio y largo plazo sin temor a un desgaste político inmediato.
Ése es uno de los retos que deberá afrontar el gobierno que pretende liderar el socialista Pedro Sánchez, además de otros de carácter político, encabezados por el desafío de los nacionalistas catalanes. El documento para la negociación remitido ayer por el PSOE a las fuerzas políticas con las que aspira a llegar a un pacto (entre las que no está el PP) es una oferta que puede facilitar el acuerdo. Así, al menos, lo creen tanto Podemos como Ciudadanos. Ambas formaciones consideran asumible el contenido de ese documento y ven “fácil” el acuerdo. Paradójicamente, el mayor problema para la firma son ellos mismos al haberse excluido recíprocamente Iglesias y Rivera de ese asumible y fácil pacto.
Como ocurrió con la decisión de Sánchez de rechazar la posibilidad de llegar a un acuerdo con Mariano Rajoy cuando aún los dos no se habían sentado a hablar, queda patente que el principal escollo para llegar a un acuerdo político son los propios políticos. Y esa espera, cuya apariencia es de que acabará siendo improductiva y llevándonos a unas nuevas elecciones, tiene un coste cuyo precio estamos pagando el conjunto de los ciudadanos. Lo vemos cuando observamos que navegamos sin política económica en medio de una situación financiera internacional cambiante y que exige, además de continuas correcciones, un mando decidido.

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