El mando único, Ángel Víctor Torres, hizo balance ayer sobre las actuaciones coordinadas por el Gobierno de España para intentar recuperar la normalidad en Ceuta. Se detuvo, de nuevo, en el traslado de los inmigrantes a los asentamientos del puerto que se llevó a cabo hace hoy una semana.
Insiste el ministro en defender la gestión hecha, insistiendo en lo difícil que resultó mover a 1.700 personas, haciendo hincapié en que no hubo lesionados.
Sabe el mando único que ese operativo fue una auténtica vergüenza. Como también sabe que si medio se salvó fue gracias a que los agentes de la UIP supieron evitar que aquello no terminara siendo una tragedia.
Se puso en riesgo a los policías y se puso en riesgo a los propios inmigrantes, también a los medios de comunicación que estaban cubriendo el traslado y a los ciudadanos que circulaban por la carretera sin que existiera un mínimo control porque nadie se hizo responsable de desviar el tráfico ya que ni siquiera se tenía alertada a la Policía Local.
Aquello fue un desastre. Coincidió una auténtica estampida de inmigrantes corriendo por la carretera de Benítez con motoristas que acudían a sus puestos de trabajo, con coches que tenían que apartarse a otro lado. Todo eso pasó mientras, en el inicio del traslado, solo había un puñado de guardias civiles hasta aparecer, después, la UIP.
Así que aquello sí, señor ministro, fue un auténtico desastre del que no debería estar para nada orgulloso y que se salvó gracias a la profesionalidad de unos policías, no a los políticos o mandos cuya previsión y coordinación hizo aguas por todos lados.
No es algo que sorprenda. El día de las avalanchas tampoco había coordinación hasta el punto de producirse un enfrentamiento entre CNP y Guardia Civil mientras cientos de inmigrantes cruzaban por la puerta del espigón. De esto, el Gobierno de España todavía no ha dado ni una sola explicación, pero así es como tenía controlada la plaza, con el mismo despropósito que el traslado al puerto que tanto ha gustado a Ángel Víctor Torres.
Lo responsable hubiera sido dar explicaciones de, primero, quién metió la pata; quién ordenó que sí o sí se ejecutara ese traslado sin haberlo preparado y dispuesto como se debía, estando desde el origen todo blindado de policías, impidiendo carreras, vetando posibles avalanchas.
Eso hubiera sido lo responsable y esperado, pero pedir esto es demasiado. Pudimos estar hablando de muertos. No es para estar orgulloso. Si este es el nivel, resulta preocupante.
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