El contrabando de tabaco, realizado sin pudor alguno y convertido en un auténtico fraude de esos que tanto parece querer perseguir la Delegación del Gobierno, está dando pie a situaciones esperpénticas e inmorales. Porque así son los casos protagonizados por funcionarios de toda índole que han sido interceptados por las fuerzas de seguridad en frontera o puerto dedicándose a estas prácticas. Hablamos, tal y como denuncia la Asociación Unificada de Guardias Civiles, de militares, miembros de fuerzas de seguridad e incluso funcionarios de prisiones. Personas que, a diferencia de otras (aunque la ilegalidad sea la misma), no tienen problema alguno para llegar a final de mes y disponen de un sueldo fijo, algo que, hoy en día, es una lotería. Aun así, han sido detectados embarcando con gran cantidad de cartones en vehículos o incluso adosados al cuerpo al más puro estilo contrabandista con tal de ganarse un sobresueldo a final de mes. Si grave es esto más aún lo es el hecho de que se estén produciendo amenazas contra los guardias civiles que llevan a cabo estos servicios, a los que recriminan que no entiendan lo que estos contrabandistas con uniforme denominan ‘compañerismo’. Se está manchando el buen nombre de las instituciones con posturas de este tipo que constituyen un fraude en mayúscula. La denuncia de AUGC no debe caer en saco roto ni gozar de las simpatías o amparo de otros funcionarios y profesionales que no tienen que ver con buenos ojos las malas artes de quienes se hacen llamar compañeros.





