Los españoles tenemos fama de picaros, pocos serios, amables y rebeldes, pero sin llegar a la sublevación, con algunas excepciones. Así hemos elaborado una Constitución (1978) en la que cabe todo. Cualquier territorio puede independizarse, claro está de acuerdo con las reglas es prácticamente imposible, ya que es necesario:
• Aprobación por mayoría de dos tercios de cada Cámara.
•Disolución inmediata de las Cortes.
•Las nuevas Cámaras deberán ratificar la decisión y proceder al estudio de nuevo texto constitucional.
•Aprobación por dos tercios de ambas Cámaras.
•Referéndum nacional para su ratificación.
En cualquier institución, una persona que se asocia y claramente señala que lo hace con el objeto de quebrar la institución a la que se asocia, inmediatamente sería expulsada. En Francia, por ejemplo, no se admiten partidos independentistas, ya que su objeto es separarse de Francia, completamente absurdo para una mentalidad lógica.
En España, tenemos las ideas claras pero el procedimiento muy soluble: aceptamos que partidos separatistas (PNV, CIU, C. Canaria) puedan estar en las instituciones, les pagamos los sueldos correspondientes a sus parlamentarios, ah, pero si quieren la independencia hay que pasar por el precedente establecido que no llega a ninguna parte. ¿No habría sido mucho mejor no haber aceptado ningún planteamiento de partidos separatistas (nacionalistas) y ser expulsados del Parlamento al menor atisbo de separación? La cantidad de dinero y esfuerzo de toda la sociedad (en vano) para comprender a esta gente, que al final representa poco, pero no dejan en modo alguno que la locomotora de la economía, del arreglo institucional, de la unión los españoles, marche de una vez. Hasta cuando hemos de soportar a los que quieren una y otra vez oponerse al progreso. Dejémosles fuera de las instituciones, si quieren un partido político que lo hagan a su costa, pero prohibido presentarse a las elecciones. Cuando regiones que nunca han sido ni serán naciones denominan sus instituciones como “nacionales”, así tenemos que la radio autonómica canaria ahora se denomina “Radio Nacional de Canarias” (¿que nación?) o “Museo Nacional de Arte de Cataluña” (¿qué nación?), lo único que se persigue es la dispersión, el separatismo, nunca la unión, por ello, a los problemas económicos que ahora son graves, unimos los institucionales, siempre subyacentes que son todavía más graves.
Ahora viene la asesina ETA, de mano de sus lacayos reincidiendo en el intento de dialogo con Francia y España, por supuesto que Francia, con Hollande o sin él responderá con el celebre “je m’en fous” bien alto. España por el contrario, los políticos apátridas, tanto de un partido como de otro dirán “ya veremos…”. País.
El artículo 149 de la Constitución, señala las competencias exclusivas del Estado (32 en total). El 148 las 22 que podrían ser asumidas por las CC.AA, para a continuación señalar que las CC.AA “podrán ampliar sucesivamente sus competencias dentro del marco establecido en el articulo 149” con lo que se pueden traspasar a una CC.AA por ejemplo:
• La Defensa y las Fuerzas Armadas
• Las relaciones internacionales.
• El sistema de divisas (cambio y convertibilidad).
• La Deuda del Estado
Como ya hemos transferido Justicia, Educación o Sanidad.
Como vemos, la demagogia impera mucho en la Constitución y por ello los separatistas (nacionalistas) nunca nos dejan tranquilos.
Si de una vez, con cierta lógica, se hubieran señalado las competencias únicas de las CC.AA, no estaríamos permanentemente en la fábrica de los recursos ante el Constitucional.
Nos avergonzamos de nombrar a nuestra lengua común “español”. Así el artículo 3 señala que “El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla”.
Pero nuestra lengua española común es el “español” cuyas raíces son el castellano. Es una de las seis lenguas de Naciones Unidas, junto con el árabe, ruso, chino, francés e inglés y no denominada “castellano”. Como en ninguna de las Naciones Hispanoamericanas donde en sus constituciones la denominan español.
El resto de lenguas habladas en España, aún cuando tesoros culturales, no tienen la importancia, y categoría del español por la simple razón de que ésta es hablada por cuatrocientos millones de personas mientras que todas las demás juntas no llegan a cinco millones de personas. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que el swahili lo hablan diez millones de personas y otras tantas hablan el lingala.
Estos tres ejemplos de demagogia constitucional, entre muchos, señalan la poca seriedad de los legisladores dentro del cuerpo común de “españoles”.
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