Categorías: Opinión

La décima de Marta

Este texto habla sobre el nivel de exigencia que el mundo de la función pública le impone, le supone, a un aspirante. La selección de la especie está escrita en la naturaleza, así que no veo ventajoso incidir en el hecho de que el Estado quiera para sí a los mejor preparados. Pero llamo la atención sobre el caso de mi amiga Marta.
Tras algunos titubeos después de haberse licenciado en Geología, y comprobar lo difícil de dedicarse a lo suyo, decidió que su camino era prepararse unas oposiciones para auxiliar administrativo; así que se puso en marcha.
La sensación de estar en el camino correcto te da un ritmo vital parecido al de despreocupación, que como se sabe es el estado previo al de felicidad, o trabajo. Eso sí, las necesidades básicas las tenía cubiertas, pues su madre, pensionista, había ahorrado como una hormiguita pensando en el mañana: las clases de la academia, la mecanografía, las fotocopias, el cartucho de tinta de la impresora, y los 5 euros para tomarse algo con las amigas (le gustaba quedar con las amigas para hablar de actualidad, de sus aspiraciones, y de lo que harían con el salario de 1.300 euros, quién sabe).
El caso es que, por fin, recibió la noticia: se sabía la fecha del examen y habían 13 plazas. Durante las semanas siguientes implementó la dureza del estudio, a la vez que la madre le llamaba a la tranquilidad, pues decía “lo mejor es estar contenta con una misma” (quizá sabedora de que muchas veces el destino no está en nuestras manos).
Llegó la víspera. Los esfuerzos de comprensión llegaron hasta las dos de la mañana, hora en que decidió que la suerte estaba echada, y que lo mejor era descansar para rendir durante la prueba.
Llegó la hora. Mientras el supervisor explicaba las reglas, Marta hizo película de su vida. Vio todas las dificultades y cómo se había levantado tras tropezar. Por otro lado, pensó en el orgullo que sentiría su madre si conseguía una plaza.
Entonces, rellenó las casillas a la velocidad de la luz: las preguntas sobre la Constitución, el temario, la informática. Consiguió pasar el corte. El sueño se acercaba. Durante los pases de mecanografía y Word mantuvo el tipo como una campeona.
Al final, la realidad que nos aterra. La realidad que nos mantiene con vida, pero que nos atenaza con sus cadenas. A Marta le faltó una décima para ser una triunfadora. Ahora, los representantes políticos le piden que permanezca en la mesa camilla, junto a su madre, hasta nueva orden. ¿Quién borró la línea del horizonte?

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