Lo cierto es que un comentario realizado en el programa de ‘La Voz del Faro’ de Cope Ceuta y Faro TV fue erróneo. Critiqué duramente al público por abandonar el Auditorio del Teatro del Revellín nada más finalizar la actuación de la última agrupación.
Aproximadamente eran las tres menos veinte de la madrugada. Unos treinta minutos después, la presentadora del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas, Olga Martí, salió al escenario, rodeada de los miembros del jurado, para leer el acta con los premios. Allí nada más que quedaban los medios de comunicación. Señalé, desde luego, que no entendía esa falta de respeto por parte de los espectadores, hacia unas agrupaciones que, desde luego, llevaban muchos meses ensayando y dejando muchas horas libres en el mantenimiento de una tradición que, por supuesto, como cualquier otra es vital para una ciudad como la nuestra. Sin embargo, esa decisión de abandonar no era tal y como la comenté en el mencionado programa, sino que era consecuencia de una decisión de la organización y que ya se llevaba practicando desde hacía varios años.
Pues bien, resulta que esta decisión de la organización viene de los tiempos en que el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas se realizaban en el Instituto Siete Colinas. En varias ocasiones, una vez que se conocía de madrugada el resultado del jurado, se produjeron agresiones y peleas entre partidarios de una agrupación y de otra. A partir de entonces, se decidió cortar por lo sano y se expulsa al público, de manera que se mata una mosca a cañonazos.
Entiendo que la organización, que es la Ciudad Autónoma de Ceuta, a través de su área de Festejos, tiene los suficientes medios coercitivos, bien sea contratando vigilantes de seguridad, para que esas peleas que dieron motivo a la decisión de dar los resultados ante un teatro que parece un cementerio, no se repitan. Lo que no puede ser es que un ciudadano que haya pagado su entrada religiosamente no tenga derecho a mantenerse en su asiento.
Se podrá decir que en otros lugares hacen lo mismo, pero, por supuesto, no creo que las personas que forman parte de las agrupaciones, sus familiares y sus amigos, tengan que purgar de por vida las equivocaciones que protagonizaron otros hace ya varios años.





