El objetivo es claro: que la crisis no afecte en mayor medida a los más débiles. “Nos va a afectar, pero queremos que sea como a todos”, explica María del Carmen Rosino, presidenta de Apascide (Asociación de padres de sordociegos) y vocal de la junta del Cermi (Comité de representantes de minusválidos) en Ceuta. Esta organización, a nivel estatal, publicó la semana pasada la llamada ‘Declaración de Logroño’, un documento nacido del congreso sobre sostenibilidad económica en el llamado Tercer Sector, el de los servicios, y más concretamente el de la discapacidad. Organizado por el Cermi de La Rioja y celebrado en la capital de esta comunidad autónoma durante los días 29 y 30 de junio, y a él acudieron dos representantes del Cermi de Ceuta: María del Carmen Rosino, presidenta de Apascide, y Enrique Guerrero, presidente de la ONCE.
“Las nuevas condiciones económicas obligan a buscar soluciones innovadoras que pasan por nuevas alianzas de futuro entre lo privado y lo público, nuevos espacios de colaboración y cooperación, en definitiva, nuevos modelos de financiación para el tercer sector de la discapacidad”. Esta es la premisa de la que parte la llamada ‘Declaración de Logroño’, y en la que se resumen los puntos principales del nuevo planteamiento: combinar las fuentes de financiación para no depender excesivamente del sector público, como sucede hasta ahora.
La ley, la trampa
Paradójicamente, los avances legislativos en materia de reconocimiento de derechos a las personas con distintos grados de dependencia pueden resultar, de facto, mantener el statu quo. “El problema, según se vio en el congreso, es que algunas administraciones públicas, sobre todo comunidades autónomas, que destinen el dinero necesario para cubrir la Ley de Dependencia, pero recorten de otras partidas como convenios, etc”, asegura Rosino. Es decir, al final se termina invirtiendo lo mismo o menos en el llamado ‘tercer sector social’.
A esto se suma el peligro que puede existir a la hora de adjudicar contratos para cubrir necesidades de personas con discapacidad, tales como puedan ser centros de rehabilitación. Si el criterio es exclusivamente económico, las empresas privadas con ánimo de lucro tienen las de ganar. Si en estas contrataciones públicas se priman los aspectos sociales, como reclama el Cermi, las asociaciones sin ánimo de lucro presentan más garantías..
Para solventar el asunto de la financición, además de la presión al sector público, hay que buscar “soluciones innovadoras que pasan por nuevas alianzas de futuro entre lo privado y lo público”, tal y como se recogía en las conclusiones. Aquí entran las empresas, y un concepto que en España está en pañales pero en otros países ha avanzado mucho en los últimos años: la responsabilidad social empresarial. “Pasa por pedir dinero, pero de una forma diferente a como se hacía antes”, dice Rosino. “Si la antigua forma pasaba por apelar a la caridad, ahora es diferente. Las personas con discapacidad tienen unos derechos, y tenemos que reclamarlos. Las empresas tienen ante sí la oportunidad de colaborar con la sociedad, y también les beneficia en cuanto a la imagen”, añade la presidenta de Apascide.
Aún queda otra tercera vía de financiación, no menos importante que las demás: la de las propias personas individuales. Dentro de ello, es clave la implicación de los socios. Al fin y al cabo, son ellos los que se benefician de los servicios que prestan estas asociaciones, y en las jornadas de sostenibilidad económica sobre el ‘tercer sector social’ se dejó claro: también tienen que arrimar el hombro, en la medida de sus posibilidades. Ya sea con dinero, ya sea con implicación directa en las actividades de la asociación.
La necesidad de buscar nuevas vías de financiación
Hasta ahora, las formas de financiación ‘alternativas’ para las asociaciones que tienen alguna relación con el sector de la discapacidad o se dedican a fines sociales pasa por aprovechar los ‘días de’ para instalar mesas informativas. “Aunque sólo sean informativas, la gente se interesa por donar algo y sirve”, explica María del Carmen Rosino, presidenta de Apascide. Precisamente, y aprovechando el Día Internacional de la Sordoceguera, Apascide salió al centro de la ciudad con un puesto informativo. De una parte, las trabajadoras de la asociación se esforzaron por explicar a las personas cómo se puede vivir siendo sordociego. En los últimos meses, Ceuta ha visto cómo en otras ocasiones se instalaban este tipo de casetas informativas. Sucedió con el Día del Síndrome de Down, con el Día del Transplante, o con la tradicional cuestación aprovechando la celebración del Día de la Lucha contra el Cáncer. Además de la hucha para el donativo, algunas de estas mesas tenían productos artesanales a la venta. Es el ejemplo de Acefep (Asociación Ceutí de Familiares y Personas con Enfermedad Mental), que puso a la venta las manualidades que sus usuarios realizan en los talleres. Sin embargo, falta crear acciones alternativas que financien a las organizaciones ante el cambio de situación.





