El debate sobre la convivencia se ha convertido en asunto recurrente. Forma parte de las tertulias, de las denuncias políticas, de los reportajes periodísticos...
Ceuta ha asumido hablar sobre los problemas que supuestamente se derivan de la convivencia entre culturas sin caer en la cuenta de que quizá esos escollos se hayan superado. Es digno de remarque el contenido que la encuesta que Sigma Dos ha hecho para El Faro dedica a los problemas que preocupan a los ceutíes. Curiosamente no es que la convivencia no esté entre los primeros, es que sorprende que figura como la última de las preocupaciones para los ceutíes. El paro, la inseguridad ciudadana, la inmigración o la limpieza de las calles configuran, hoy por hoy, los asuntos que protagonizan la radiografía de problemas que, en esencia, es común a todos. Las valoraciones que, sobre la convivencia cultural, se hacen son positivas. A la inexistencia de enfrentamientos graves se suma la estabilidad en esas apreciaciones o el hecho de que se ensalce el valor de la solidaridad como marca que define a la sociedad ceutí. En pocos asuntos hay tanta unión ideológica, de sexo, edad o barriada en que se viva en relación a la convivencia.
Hay quienes puedan creer más o menos en las encuestas. Hay quienes pueden dar una menor fiabilidad al estudio publicado por Sigma Dos, una de las empresas, por cierto, con más renombre en el ámbito sociológico. Pero lo cierto es que el día a día, salvo roces puntuales, nos da una lección de convivencia clara, de respeto y de trabajo conjunto sin mirar si el de al lado es cristiano, musulmán, hebreo o hindú. Quizá sea el momento de estar orgullosos de lo que la historia y la convivencia durante siglos nos ha ayudado a forjar.





