La de ayer fue una jornada festiva para miles de ceutíes. Desde primera hora de la mañana fueron cientos los devotos que se acercaron hasta la capilla de Nuestra Señora del Carmen y de todos los Santos para ver a su virgen, “la Señora del Mar” como se le conoce popularmente. A las 19.45 horas, al son del himno de España, entonado por la banda de música de la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos de Ceuta, la Virgen del Carmen abonó su templo sobre sus andas, adornadas con claveles rojos y amarillos.
Los portadores, vestidos con un polo blanco, alzaban sus brazos y elevaban a su señora. Entre los aplausos y los vítores de “Guapa, guapa” y “Viva la Virgen del Carmen” comenzaban el paso que la llevaría hasta la playa adyacente.
Esta procesión, encabezada por el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, trasladó a la patrona de los marineros hasta el altar improvisado que había montado en la arena y donde se celebró la Eucaristía.
Para el presidente la jornada de ayer era muy especial, ya que “la Virgen del Carmen significa mucho para todo Ceuta”. Vivas recordó que este día era muy especial para la zona de La Almadraba porque la mayor parte de sus vecinos provienen del mundo del mar y de la pesca.
Preguntado sobre qué le iba a pedir a la Virgen, Vivas contestó que le iba a pedir amparo para los ceutíes. “Yo creo que amparo para los ceutíes es lo fundamental y que sea luz y guía”, contestó.
Sobre la arena de la playa, el párroco titular de la Capilla de Nuestra Señora del Carmen y de todos los Santos, José Manuel González, ofició la ceremonia que estuvo amenizada por los acordes y los cantes de un coro rociero.
Precisamente ayer, se cumplieron diez años desde que se dejara de celebrar esta misa en el templo y se trasladara a la arena de la playa con objeto de facilitar que todo el que quiera pueda asistir. Unas 2.000 personas en los actos de ayer según la Policía Nacional, muchos de ellos con gestos de emoción en el rostro y ojos llorosos ante su virgen.
Durante la misa el sacerdote recordó a los ceutíes el origen de esta tradición, vigente en la ciudad desde 1.941 cuando “estas barriadas eran pesqueras y estaban llenas de vida y trabajo”.
Una vez oficiada la ceremonia, los portadores mecieron a la imagen hasta el rebaje, donde el párroco rezó una plegaria por todas aquellas personas que han perdido la vida en el mar: pescadores, fuerzas de seguridad o inmigrantes en busca de una vida mejor.
Fue entonces cuando los portadores introdujeron a la Virgen en el mar. Durante este momento se creó una bonita estampa, ya que se veía rodeada de gente y de pequeñas embarcaciones que habían acudido a su encuentro.
A partir de este punto llegó el momento de la procesión, donde el pequeño trono fue haciendo paradas en aquellas casas en las que ha habido un difunto.
Así, recorrió las barriadas de la zona: Tobogán, subida a Villa Aurora y a la barriada 12 de Diciembre, Miramar Bajo, Juan XXII. Ya en torno a las 23.30 horas, casi entrada la media noche, la Virgen se despidió de sus devotos, a los que no volverá a ver otra vez en la calle hasta el año que viene.






