El centro cultural Al Idrissi se viene caracterizando por dos cosas: primero, recuperar tradiciones perdidas y, segundo, promover actividades que pretenden la integración de todas las culturas. Lo hace sin florituras, sin necesidad de crearse una fundación para el fomento de la convivencia y sin depender de apoyos económicos importantes. Hoy llama la atención el anuncio de la reunión que mantendrán responsables de este centro cultural con la consejera de Cultura, Mabel Deu. Y llama la atención por lo que viene a advertir el secretario de la entidad, Alí Mohamed: “Hay que conocer la cultura, porque si no sabes de dónde vienes, no sabes a donde vas y ése es el problema”, dice. Añade además que “la situación en Ceuta está cambiando, se notan cosas diferentes, incluso hay personas que visten de otra manera, como si fueran de Pakistán...”. Menos mal que aparece en escena una asociación valiente, que empieza a llamar a las cosas por su nombre, que empieza a mostrar públicamente su preocupación por lo que está sucediendo en nuestra ciudad. Y es que no hay que esforzarse mucho por ver que se están generalizando comportamientos radicales entre determinados sectores juveniles. Las administraciones callan porque son unas cobardes. Quienes deberían hablar y posicionarse optan por aplicar la ley del silencio, mientras que la ciudadanía asiste, con cierto temor, a la contemplación de un espectáculo inquietante. “Conocer nuestra cultura es básico para frenar la situación”, dice Al Idrissi. El conocimiento en la vida es básico para todo, y si en Ceuta dejáramos de mirarnos tanto el ombligo, quizá nos iría mejor todo. Pero no es así, nos encerramos en nuestra burbuja, levantamos muros virtuales y convertimos en invisibles determinados problemas para no tener que asumirlos. Luego pasa lo que pasa, en nuestra virtualidad de Alicia en el País de las Maravillas nada puede quebrarse, ni tan siquiera la patochada de convivencia que nos han montado los políticos.
Que bueno si las palabras de Al Idrissi fueran las que el común de los mortales pensáramos, pero no es así. Y si ellos muestran su temor, qué no esconderemos el resto. Lástima.





