El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 5 ha abierto diligencias previas por la denuncia interpuesta por la familia de un interno del Centro Penitenciario de Fuerte Mendizábal que no pudo asistir al entierro de su padre. Los seres queridos del preso aún hoy se preguntan desconcertados cómo se pudo incumplir una orden judicial que también contaba con el visto bueno de la Fiscalía.
La investigación permitirá esclarecer qué ocurrió el domingo pasado y sobre quién recae la culpabilidad de ese error –por llamarlo de alguna manera–: si la Policía Nacional, responsable del traslado de la cárcel al cementerio de Sidi Embarek; o bien el propio Centro Penitenciario, ya que eran los encargados de firmar el documento que permitía la salida extraordinaria por razones humanitarias. En supuestos como este, la autoridad judicial podría llamar a declarar a la máxima autoridad de ambas partes y, en función de sus manifestaciones, continuaría con el procedimiento o lo archivaría.
La denuncia recoge el incumplimiento de la orden del Juzgado de Guardia, la cual autorizaba al preso a acudir al funeral. Pese al fallecimiento repentino, su señoría tuvo listo el auto antes de las 12.00, es decir, a tres horas vista del entierro, programado para las 15.00. De modo que los oficios obraron en manos de la Policía Nacional y Fuerte Mendizábal con suficiente tiempo de antelación como para organizar el traslado.
Según manifiesta la familia, parece que hubo un retraso en la firma por parte de quien estuviese como jefe de incidencias. Sin embargo, esta persona indicó que era la Policía Nacional quien demoraba el transporte. Fuera quien fuese la persona que no facilitó el traslado, el vehículo policial subió, aunque tarde, pero acudió a la prisión. Incluso dejaron a un agente en el cementerio de Sidi Embarek con el cometido de custodiar al interno. La sorpresa que se llevó la familia no fue otra que la prisión finalmente no facilitó la salida por motivos que desconoce y tampoco sabe si la autorización estuvo firmada, si no o hubo alguna incidencia por parte de la Policía Nacional.
Familiares, amigos y vecinos permanecieron más de 40 minutos aguardando a pleno sol que se solventase esa descoordinación sin poder dar sepultura al fallecido hasta que desistieron y dieron descanso al difunto sin su hijo presente. La sensación que queda ante casos como este es de indefensión.
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