Un total de 55 jóvenes procedentes de distintos puntos de España han participado desde el 28 de febrero y hasta el 1 de marzo en un retiro espiritual organizado por la asociación Jóvenes Musulmanes de Ceuta junto a Jóvenes Musulmanes Granada con motivo del mes sagrado de Ramadán.
La iniciativa, que se celebra en la Alquería de los Rosales, en Granada, ha reunido a chicos y chicas de entre 16 y 30 años llegados desde Ceuta, Granada, Murcia, Madrid, Sevilla, Barcelona y Algeciras, entre otras ciudades.
Fatiha, portavoz del grupo ceutí, ha explicado que el retiro nace de una inquietud profundamente personal y colectiva: “Surge de una pregunta muy íntima: ¿En qué estado está nuestro corazón?”.
En un contexto social que, según señala, está marcado por la prisa constante, la sobreexposición a opiniones y comparaciones y la acumulación de distracciones, los jóvenes sintieron la necesidad de generar un espacio de pausa y reflexión.
“El corazón no se purifica en medio del ruido”, dice. Por ello, el principal objetivo de esta experiencia es la purificación interior del corazón y del alma, lo que en la tradición islámica se conoce como tazkiyat an-nafs, es decir, el trabajo consciente para limpiar el alma de rencores, ego, culpas o heridas.
“Queremos volver a casa con un corazón más limpio, humilde y más consciente, el impacto de multiplica”, asegura.
Aunque la diversidad geográfica es amplia, Fatiha subraya que lo verdaderamente relevante no son los lugares de origen, sino el punto en común que comparten todos los participantes: el deseo de crecer espiritualmente.
“Cada uno llega con su propio proceso interior. Aquí entendemos que todos, en el fondo, estamos intentando lo mismo: sanar y acercarnos a lo que nos da sentido”, afirma.
El retiro se extendió varias jornadas, estructuradas en torno a la oración, la reflexión y la convivencia.
Para muchos de los asistentes, era la primera vez que vivían esta experiencia en comunidad, alejados de las rutinas habituales.
La elección de la Alquería de los Rosales, situada en la provincia de Granada, no fue casual. El entorno natural, el silencio y la amplitud del paisaje eran elementos clave para el desarrollo del retiro.
“Rodeados de naturaleza y lejos de distracciones, el ser humano recuerda al Creador y reconoce su propia pequeñez y esa pequeñez no humilla, libera. Cuando el ego se aquieta, el corazón se ablanda”.
En ese sentido, Granada no ha sido únicamente un escenario físico, sino una experiencia simbólica: “Fue una pausa. Y en esa pausa, muchos comenzaron a regresar a sí mismos… y a Dios”.
Para estos jóvenes, vivir el Ramadán en formato de retiro supone intensificar el sentido profundo del ayuno. “Ramadán es una escuela del corazón”, traslada Fatiha.
Más allá de la abstinencia de comida y bebida desde el alba hasta la puesta de sol, el ayuno se entiende como un ejercicio de conciencia, autocontrol y empatía.
“El ayuno despierta la taqwa, la conciencia de Dios, el dominio del ego, la paciencia”, explica. En un entorno de retiro, el silencio se convierte en escucha y la reflexión en claridad. Y al hacerlo en comunidad, la experiencia se multiplica: “Comprendemos que la purificación no es un camino solitario. Los corazones se ablandan juntos”.
La jornada comienza antes del amanecer con el suhoor, la comida previa al inicio del ayuno. Después, los participantes realizan la oración y sesiones de dhikr (recuerdo de Dios), seguidas de charlas y reflexiones centradas en la purificación del alma y la revisión interior.
El programa incluye también espacios formativos y talleres, como actividades de arte-terapia, dinámicas juveniles y momentos de introspección guiada.
Al caer la tarde, el grupo rompe el ayuno con el iftar, un momento descrito como especialmente emotivo. La gratitud, la fraternidad y la conciencia del sustento compartido marcan este instante cotidiano que, en el contexto del retiro, adquiere una intensidad particular.
La jornada concluye con las oraciones nocturnas colectivas, en un ambiente de recogimiento.
Sin embargo, no todo es solemnidad. Fatiha destaca la importancia de los momentos informales en las habitaciones: conversaciones espontáneas, risas y juegos sencillos que refuerzan los lazos entre los participantes.
“La convivencia es parte de la purificación”, asegura.
Más allá de la experiencia puntual, los organizadores insisten en el mensaje que desean transmitir. “El verdadero sentido del Ramadán es transformar el interior para mejorar el exterior”, afirma la portavoz.
El mensaje, no obstante, no se limita a la comunidad musulmana. “Para quien no sea musulmán, es algo universal: todos necesitamos limpiar nuestro interior de vez en cuando. Todos necesitamos revisar qué guardamos en el corazón”, concluye Fatiha.
Tras el impacto positivo de esta experiencia, las asociaciones no descartan repetir la iniciativa e incluso ampliarla a otras ciudades.
“Hemos visto que cuando un corazón cambia, cambia también su entorno. En un mundo que a veces endurece, apostar por la purificación del corazón es casi un acto de resistencia”, finaliza.
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