Categorías: Opinión

José Fernández Chacón

José Fernández Chacón nos dice adiós. Las urnas, que no su gestión, así lo han determinado. En breves fechas la sede gubernamental tendrá un nuevo inquilino y otras connotaciones. El próximo delegado será del mismo color político que el del ejecutivo de la nación. En teoría debería tenerlo mucho más fácil, si es que se puede aplicar el término en una ciudad tan fronteriza y especialmente compleja como Ceuta. Y ese ha sido uno de los méritos de la gestión de Chacón, al haber conducido las riendas de la delegación con una serenidad y un temple que le han honrado hasta el extremo de que algunos le llegaran a acusar de parecer ser un delegado del PP más que del PSOE.
“He tenido claro que la labor del partido y delegado eran distintas”, decía esta semana en la interesante entrevista que concedía a nuestra directora. Y así ha sido, efectivamente, al haber sabido romper la tendencia de sus antecesores socialistas en el cargo. Testimonios hay de ello en nuestra hemeroteca.
“Salir, salgo tranquilo de espíritu, porque nunca me lo han alterado. A veces hay cosas que no te gustan, pero la crítica es libre y hay que respetarla aunque no se comparta”. Efectivamente. Reflexivo, sereno y discreto no le recuerdo una salida de tono ni aún en momentos especialmente difíciles, que los ha tenido. Plausible del mismo modo es su aceptación de las críticas como buen demócrata, algo que determinados políticos no encajan tan fácilmente.
Modesto y sabiendo estar, coincidí detrás suya en una de las colas habituales que los viernes hemos de soportar en el control de equipajes de la aduana algecireña como un ciudadano más. ¿Un hecho casual?, me pregunté. Pues no. En posteriores ocasiones tuve la oportunidad de continuar viéndole confundido con los demás pasajeros, renunciando a un posible trato especial por su condición de autoridad y sin dar lugar a que ninguno de los agentes advirtiese su presencia.
No es un hecho corriente, creo. Y menos aún me imagino en esa cola a cierto delegado, por ejemplo, del que se decía que en la travesía gustaba subir siempre al puente de mando de los ferrys de determinada compañía, movido quizá por sus aficiones náuticas.
Fernández Chacón vino a sustituir a García Arreciado, un hombre de un talante político y ejecutivo diametralmente opuesto, lo que permitió que las relaciones entre la institución local y autonómica tomaran un nuevo y positivo giro, hecho que pronto advirtió la ciudadanía.
No conviene olvidar del mismo modo que a favor del actual delegado jugó igualmente el talante moderado y colaboracionista del presidente de la Ciudad. La férrea lealtad institucional de Juan Vivas ha sido decisiva también como para que las dos administraciones, aún de signo político distinto, hayan caminado en todo momento de la mano haciendo posible una línea y un equilibrio del que Ceuta ha sido la gran beneficiada.
Por supuesto que no han faltado las críticas a ese entente cordiale entre ambas autoridades. Algunas especialmente duras como  las de cierto partido político que parece erigirse como el providencial poseedor de todas las soluciones para el buen gobierno de la ciudad. Tampoco las opiniones discordantes con esa línea de Fernández Chacón en las propias filas socialistas, quizá por parte de quienes añoraban épocas de lamentables enfrentamientos entre las dos administraciones que nada bueno trajeron para Ceuta.
Sin más alardes partidistas o botafumeiros al uso, el delegado saliente enumera las realizaciones que bajo su mandato llegaron a la ciudad: paseos marítimos, viviendas, el hospital, el ciclo del agua o la puesta en marcha de las obras de la nueva cárcel, de la que pone énfasis más en la parte positiva que traerá la penitenciaría que en lo contrario.
En la otra cara de la moneda, el viejo problema del Príncipe con sus dos muertes a tiros, los pistoleros del barrio, los encapuchados y las actitudes violentas de pequeños grupos que, lejos de remitir, parecen ir en aumento. Un problema heredado y de difícil solución para cualquier delegado ya que su tratamiento requiere de otras altas estancias y un reto de carácter prioritario para los nuevos gobernantes.
Suerte, D. José. Deja usted en Ceuta muchísimos más amigos que enemigos y el recuerdo de una prudente forma de gobernar que ojala pudiera ser el paradigma para futuros delegados en sus mismas circunstancias políticas.

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