La magia ha invadido este domingo el Teatro Auditorio del Revellín de la mano del ilusionista Jorge Blass, que ha llegado por primera vez a Ceuta para presentar su espectáculo ‘Ilusionarte’.
Como su propio nombre indica, este es un viaje a la más pura esencia del ilusionismo que se extiende durante 75 minutos y permite al público jugar, fantasear y participar en las experiencias mágicas de forma interactiva.
Blass pretende provocar en el público, según relató en una entrevista previa con El Faro, “la emoción más pura que produce la magia, que es el asombro, la fascinación”.
Y así ha sido, la magia se ha hecho con el Teatro Auditorio Revellín este domingo de la mano de Jorge Blass y su espectáculo ‘Ilusionarte’, transformándose en un pequeño universo donde lo imposible parecía abrirse paso con misterio, como si siempre hubiera estado ahí, aguardando a que alguien le diera sentido.
Durante al menos 75 minutos, el público tenía por delante la promesa de un viaje en el que ser partícipe en experiencias mágicas creadas para desatar asombro y emoción.
Familias enteras, jóvenes, amantes del ilusionismo y espectadores que simplemente buscaban desconectar de la rutina este domingo han llenado las butacas del auditorio, tanto las de la sala baja como las superiores.
La visita de Jorge Blass a Ceuta ha sido un éxito rotundo para el Revellín. Desde antes de que llegaran las 19:00 horas una larga cola aguardaba en las inmediaciones del teatro.
El trayecto que comprende desde la misma puerta hasta las escaleras que dan acceso al paseo del Revellín se ha llenado de espectadores que esperaban impacientes por descubrir la experiencia transformadora que el mago internacional ha traído a Ceuta.
Podría decirse que el Revellín ha vivido un lleno absoluto con Jorge Blass.
Una vez la gran masa de personas que han acudido al teatro se han acomodado en las butacas, las luces se han ido a negro para dar paso a la introducción del espectáculo por parte del propio Jorge Blass, cubierto por una sábana blanca con efecto aire fantasma que ha sido desplazada hasta arriba para descubrirlo finalmente.
Una vez terminada se ha abierto camino la luz en el Revellín y el mago ha hecho partícipe al público desde el primer espectáculo.
Ha bajado del escenario, ha invitado al público a sacar las calculadoras, haciendo todos a la vez un cálculo aleatorio, una de las cifras elegida por una persona del público. Finalmente, el número de cierre ha dejado a todos con la boca abierta…. Este representaba…. lamentamos no poder continuar, pero, para conocer este truco, hay que acudir al show de Jorge Blass.
A continuación, un globo de tamaño mediano ha tomado vida entre el público, el mago ha animado a todos a jugar a “pasarlo” para finalmente quedar un único ganador: aquella persona que pudiera sostenerlo y mantenerlo sin que se escapara de sus manos.
Dentro de este globo, sorprendentemente, se encontraba el nombre de quien se había hecho con él, dando en un papelito que se escondía en su interior una descripción gráfica de cómo iría vestido este espectador.
El truco, o tal vez la magia, ha dejado a todos verdaderamente sorprendidos, nadie daba a crédito a lo que estaba presenciando. La magia estaba cobrando vida en el Revellín de una manera espectacular.
Los rostros del público del Revellín mostraban expectación, ilusión, admiración. Realmente estaban viviendo una experiencia única, de esas que pocas veces tienen lugar en la vida, por lo menos de la forma en que Jorge Blass lo hace.
Y es que, tal como adelantó el propio Blass en una entrevista previa concedida a El Faro, su objetivo principal no era otro que provocar “la emoción más pura que produce la magia, que es el asombro, la fascinación”. No se trataba solo de ver trucos; se trataba de sentirlos.
Blass definió Ilusionarte como una auténtica “declaración de amor a la magia”, una propuesta que reivindica lo esencial de este arte en una época en la que la gente está más expuesta que nunca a contenidos mágicos: redes sociales repletas de trucos, ilusiones instantáneas y vídeos virales hacen que sorprender al público se convierta en un desafío mayor.
Por eso, el ilusionista insiste en la importancia de crear “tu propia magia”, algo único y personal que escape de lo repetido y consiga dejar sin palabras incluso a los espectadores más acostumbrados a ver de todo.
Y, justo eso ha pasado esta tarde en el Revellín, la magia se ha abierto camino de la mano de todos. El público no solo ha sido espectador, también ha sido partícipe, mago.
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