Myriam está preocupada por la cantidad de sectas que se han instalado en Israel. “Pedro, tú eres piedra. Y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia…”, dejó dicho Jesús. Por tanto, había que seguir la cátedra de Pedro.
Cuando ella estuvo a punto de morir por un infarto, aún le dio tiempo para abrir la puerta de casa, y avisar a su vecina, que se moría. Ésta llamó a una ambulancia y gracias a Dios se pudo salvar. Bajo la anestesia aún, su hijo Meir le preguntó con premura acerca de Pedro, quería saberlo todo de él, además del papel que tuvo Saulo en la Iglesia. Ella le contaba medio adormecida todo lo que podía y lo remitía a las Escrituras para mayor información.”Léelo, Mario. Todo está ahí”. Él absorbía cuanta información le daba su madre, muy atento, con mirada fija, meditando cada una de sus palabras….Ya se va formando el grupo Apostólico: Jesús, con Pedro, Andrés, Juan, Santiago, Felipe y Bartolomé, que han entrado en el recinto del Templo. Ellos están cumpliendo con la costumbre de los judíos, que asisten a Jerusalem para la Pascua, y llegan a la Ciudad Santa en multitudes. Nos situamos en lo alto de la colina donde se levanta el Templo. Mirando hacia abajo hay un hormiguero de gentes, que van y vienen de un sitio a otro entre calles estrechas y sin urbanización coherente. Las casas de la ciudad están pintadas de monótono blanco, pero el colorido de las vestimentas hace que el lugar sea vistoso y peculiar, como una feria multicolor. El lugar sagrado ha perdido todo atisbo de recogimiento y espiritualidad. Se venden corderos, por lo que la gente se empuja para conseguir el mejor y a buen precio. Regateos y maldiciones por los precios excesivos se suceden. Luego están los cambistas, a falta de bancos como los actuales, el dinero negro campea por sus fueros, aplicando un interés con usura, aprovechándose de la pobre gente que viene de otros lugares a pasar las fiestas. A los viejos los engañaban vendiéndoles corderos famélicos y defectuosos. Despreciaban a los galileos, les increpaban e insultaban, llamándoles pestosos y pobretones. Nos podemos imaginar qué clase de Pascua era aquella para los más pobres. José de Arimatea llega a por su cordero. Se lo escogen hermoso y con un balido sonoro. Él va vestido con traje de rico y no mira a los pobrecillos que observan fascinados la escena….Pero Jesús ya ha llegado al lugar, compra el cordero que paga Pedro y se acerca a los viejecillos estafados. Es muy alto y los otros dos muy pequeños. “¿Por qué lloras, mujer?” Y la mira compasivo, majestuoso, de blanco. Más sacerdote y más doctor de la Ley. Extraña que con esa categoría Se preocupe de los infelices y los proteja. En esos escenarios nadie protege a los necesitados de la avaricia de los cambistas. “¡Cambia este cordero a estos fieles! El animal no debe presentar ningún defecto. No te aproveches de ellos porque sean débiles”._”¿Y quién eres Tú?”._”Un justo”._”¡Eres galileo por tu forma de hablar y allí no nacen justos!”. “¡Haz lo que te digo, actúa bien!”. Se ríen y desprecian la dulzura de voz de Jesús. Pasan por allí unos rabíes con aire vanidoso y Le preguntan: ”¿Eres doctor?”._”Tú lo has dicho”. Los otros se ríen burlones:¿Y qué enseñas?”._ “A hacer de la Casa de Dios, Casa de Oración, y no lugar de usura y mercadeo. ¡Esto es lo que enseño!” Los que están por allí se han acercado a ver qué pasa. Jesús es implacable, da miedo. Parece como si estuviese guardando las Puertas del Paraíso Perdido. Aunque no lleva espada, Sus ojos son rayos fulminantes. Andando por los puestos de cambistas, manifiesta una imponente majestad divina. Tira todas las mesas con monedas. Nadie se atreve a pararle, pues imprime mucho respeto. Se ponen nerviosos, iracundos. Luego arranca las cuerdas de los bueyes, ovejas y corderos. Hace un látigo y con enorme fuerza golpea las mesas. Los vendedores tienen miedo, lo dejan todo esparcido por el suelo y se marchan despavoridos. La escena es dantesca: animales que van de aquí para allá entre confusión y ruidos…Mugidos, balidos, revoloteos de palomas…Advierten a los sacerdotes del Templo y llegan a ver lo que ocurre. Jesús con el látigo, se encuentra con los rabíes y fariseos, que se dirigen a Él sin contemplaciones.”¿Quién eres? ¿De qué Escuela eres? ¿Por qué armas este escándalo? ¡No te conocemos, ni sabemos nada de Ti!”_”Soy el que todo lo puedo. Destruid si queréis, este Templo y Yo lo levantaré para alabar a Dios. Turbáis la Santidad del Templo al permitir que se convierta en morada de ladrones y vendedores. Mi Escuela es la Escuela de Dios, la misma que tuvo Israel cuando le hablaba el Eterno por medio de Moisés. No Me conocéis, pero Me conoceréis. No sabéis de dónde vengo, pero lo sabréis”. Jesús se vuelve al Pueblo con los brazos abiertos; es ahora un gran Orador, que habla y emociona a todos. “¡Oíd vosotros de Israel! En el Deuteronomio está dicho: Establecerás jueces y magistrados en todas las puertas…Y ellos juzgarán con justicia al Pueblo…No tendrás respetos que alteran las palabras de los justos. Con justicia seguirás lo que es justo para vivir y para poseer la tierra que Dios te ha dado”. ¡Oíd vosotros de Israel! En el Deuteronomio está escrito: No prestarás a interés ni dinero, ni semilla, ni cosa alguna a tu hermano. Podrás hacerlo con el extranjero, pero a tu hermano no prestarás a interés… ¡Esto ha dicho el Señor!...Y el Pueblo está oprimido, se olvidan los Mandamientos. Los sacerdotes tienen posesiones, aceptan sobornos, se hacen ricos. Dios es el Padre de Israel y quiere que sólo tengáis lo necesario, que Él provee. En la Eternidad poseeréis el Cielo, como Moisés, Elías, Jacob y Abrahán. En la tierra poseed sólo la pureza y la caridad, y Dios anide en vuestro espíritu. ¿Con qué autoridad hago esto? Y ellos, ¿por qué profanan los Mandamientos, por qué practican la usura en Israel, el Pueblo Elegido? ¿Qué cuál es mi Escuela? ¡La Escuela de Dios! ¡Así es Israel!. He venido a que conozcáis la luz, la verdad y la vida. Quien quiera oír la voz de Dios que habla a Su Pueblo, que venga a Mí. Seguisteis a Moisés por los desiertos, ¡Oh Israel! Seguidme a Mí, que os llevaré al encuentro de la Verdadera Tierra Prometida por el mar abierto de los Mandamientos, y os curaré de cualquier mal. Estáis en la hora de la Gracia. Los Patriarcas murieron esperándola sin desfallecer. ¡Venid! El Señor está por juzgar a Su Pueblo y hacer misericordia, como prometió por boca de Moisés”….Hay un gentío que se agolpa por escuchar al nuevo Rabí. Están sorprendidos, pues nunca nadie les había hablado así. Jesús ha terminado Su discurso, se marcha con los Suyos a otro patio, en otro pórtico del Templo.
Bibliografía: Poema del Hombre Dios, María Valtorta. Referencias en Deuteronomio, Génesis y Exdras. Mt 21,12-17. Ju 2,13-25.
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