Interior vuelve a perder la oportunidad de contar con total y obligada claridad lo que sucede en Ceuta. La difusión del último balance sobre entradas de inmigrantes no ha defraudado. Se ha enumerado una hilera de datos, porcentajes y estadísticas que faltan a la verdad porque no recogen lo que realmente pasa.
Si no lo cuenta Interior con la transparencia debida, la ciudadanía no puede saber la envergadura del asunto que estamos tratando. Si todo un ministerio juega a la transparencia debe hacerlo enseñando todas las cartas, no solo las que le interesan.
Flaco favor se hace ‘vendiendo’ lo que no es, porque no se habla del trabajo real que se está haciendo a pie de frontera y en los espigones.
De nada sirve que después en los discursos oficiales nos hablen de las penurias de una línea migratoria sobre la que se cuentan más mentiras que verdades. Ese afán por politizar todo hasta llegar a unos extremos indecentes traerá consecuencias, porque lo que el ciudadano no conoce termina interpretándose de mala manera o provocando que no se sepa realmente lo que está pasando prácticamente a diario.
Estos días hemos podido escuchar discursos de los mandamases de nuestra ciudad en torno a la inmigración. No son ciertos por incompletos. Si no cuentas todo lo que sucede, te quedas con la parte que interesa y terminas faltando a la verdad.
Esto es lo que sucede Ceuta: políticos que cuentan sus verdades, no las que debieran. Un Ministerio del Interior que se enreda en sus propias estadísticas. Y una Dirección General de la Guardia Civil que aplica modos y manera dictatoriales para no dar transparencia a lo que sucede, coartando incluso la información lo que impide que llegue con pureza al ciudadano.
Son las artes que se manejan los que no están en el barro. Con ellas consiguen que solo una parte del mensaje llegue, la torcida, la irreal.






