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El insólito caso de un kiosco en Manzanera: 17 años sin licencia

Todo se precipitó cuando la Policía Local denunció al establecimiento por vender productos que no tenía permitidos

En la rutina diaria de la barriada de Manzanera, en Ceuta, un kiosco en la Avenida Otero parecía un elemento más del paisaje urbano, uno de esos puestos donde los vecinos acuden a por un capricho rápido.

Sin embargo, tras su mostrador se escondía un enredo burocrático que ha tardado casi dos décadas en salir a la luz, tal y como se desprende de las notificaciones que publica el BOE este viernes.

Lo que comenzó como una inspección rutinaria de la Policía Local el pasado mes de noviembre ha terminado por destapar un insólito caso administrativo.

Todo se precipitó cuando los agentes municipales denunciaron al establecimiento por vender productos que no tenía permitidos y, lo que es más grave, por estar regentado por una persona que no figuraba en ningún registro oficial.

Al cruzar los datos con la unidad administrativa correspondiente (LODIU), los funcionarios se llevaron una sorpresa mayúscula: la licencia de ese kiosco había dejado de existir legalmente en febrero de 2009.

Su dueña renunció a la licencia por motivos de salud y alguien decidió reabrirlo

La historia se remonta a hace 17 años, cuando la entonces dueña del carrillo presentó un escrito renunciando a su licencia por motivos de salud.

La Ciudad aceptó la renuncia y el decreto se notificó correctamente, pero, por razones que ahora se investigan, nadie se encargó de desmontar la estructura de la vía pública. El kiosco se quedó allí, como un mueble olvidado en una esquina, y alguien decidió reabrirlo por su cuenta y riesgo, sin papeles y sin permiso.

La situación actual es un laberinto de responsabilidades. Por un lado, la persona que se encontraba atendiendo el puesto en el momento de la denuncia se enfrenta ahora a un expediente sancionador que podría costarle entre 451 y 901 euros.

Además, la ordenanza es tajante: ejercer la actividad sin ser el titular es una falta muy grave que conlleva, además de la multa, una inhabilitación de cinco años para tener cualquier licencia municipal en el futuro.

El kiosco se convierte en un dolor de cabeza para la antigua propietaria: tiene que desmontar la estructura

Pero el giro más dramático de esta crónica recae sobre la antigua propietaria. Aunque ella renunció formalmente en 2009 y no tiene la culpa de lo que se haya vendido allí recientemente, la Ciudad le ha recordado que, técnicamente, es ella quien debe retirar el kiosco para devolver la acera a su estado original.

Si no lo hace, la administración lo desmontará por la fuerza y le pasará la factura de los trabajos.

Este caso pone de relieve cómo un simple puesto de golosinas puede convertirse en un dolor de cabeza legal cuando los plazos y las obligaciones se pierden en el fondo de un cajón durante casi veinte años.

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