Un inmigrante ha sido dado por desaparecido esta madrugada después de intentos constantes de entradas a nado por ambos espigones que separan Ceuta de Marruecos.
El suceso, confirmado por este medio, tuvo lugar cuando tres nadadores buscaban el cruce por el espigón que separa Beliones de Benzú. Solo dos pudieron llegar a costa en una madrugada de auténtico infierno debido al temporal. El tercero desapareció entre las olas, aún no se tienen datos de su paradero.
También en Benzú los agentes de la Guardia Civil tuvieron que asistir a otro joven, solicitando además una ambulancia, ante su llegada in extremis a punto de morir entre las olas.
Se solicitó la asistencia sanitaria ya que este varón terminó desplomándose nada más llegar a costa, a la altura del cafetín de la barriada.
Fue evacuado con claros signos de hipotermia al hospital. Los componentes del equipo búhos, patrullas de Costas y GRS cooperaron en ese auxilio. En el mar, el Servicio Marítimo realizaba maniobras siempre al límite para salvar vidas. Quienes estaban haciendo el trabajo eran los componentes de la unidad de Ceuta.
La noche ha sido de enorme presión, asumida por los efectivos adscritos a la Comandancia.
Los nadadores entraban -o lo intentaban- por las dos bahías a la vez, en una noche especialmente complicada por la lluvia constante y el viento. El mar, impracticable, ponía en riesgo a los integrantes del Servicio Marítimo de la Guardia Civil que sacaron a varios jóvenes del agua.
Son operaciones de salvamento que evitan que se produzcan tragedias, operaciones que se recogen en eso que se etiqueta como intento y que no aparece en las estadísticas oficiales.
En cinco horas, más de 20 personas interceptadas. El goteo era constante, sin temor a perder la vida, buscando entradas por el Tarajal y Benzú pegándose a la costa, bordeando espigones.
En Benzú la situación fue especialmente compleja. Allí, cruzando un espigón que se cae a pedazos, se vivieron momentos especialmente delicados.
Sin personal suficiente, sin medios técnicos adecuados… a la vez que se advertía de la entrada de nadadores se producían constantes saltos por la valla. Toda la noche sin cesar.
Las linternas se veían desde tierra apuntando los espacios en donde se registraban esas alertas tanto en los montes de la zona de Beliones como en el espacio del Tarajal.
Los subsaharianos, aprovechando la lluvia, buscaban el salto por goteo. Su llegada, grabada al alcanzar el CETI, venía a demostrar cómo fue esta pasada madrugada en una frontera sur completamente abandonada por el Ministerio del Interior y la Dirección General de la Guardia Civil, que envía al buque Duque de Ahumada hasta el domingo en una especie de operación de marketing.
La valla, convertida en un coladero, es el reflejo inequívoco del auténtico fracaso en la gestión de fronteras que lleva escenificándose desde hace meses. Las patrullas trabajan al límite, las estadísticas oficiales reflejan la parte que quiere visualizarse y los recursos técnicos y humanos con los que se cuenta se presentan mermados.
La lluvia de millones invertida y los experimentos aplicados hasta la fecha, que incluyen peines invertidos y tubos, entre otros, no han servido más que para configurar una valla llena de parches y sin efectividad.
Interior reconoce el repunte de entradas, pero ni por asomo hace mención a la cantidad de intentos soportados en una de las líneas fronterizas más tensionadas que nunca ha atravesado un momento tan crítico como el actual.
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