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¡Niño, no te bajes de la acera!

Por Redacción
24/04/2011 - 08:36

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¡Niño, no te bajes de la acera! ¡Niño, súbete a la acera!” Ése era el grito, seguido, acaso, de un tirón de orejas, con que nuestras madres o padres nos advertían de que la acera era el lugar en donde el peatón estaba a salvo de toda contingencia, de cualquier peligro que pudiera surgir en la calzada, que era el lugar, por antonomasia, por donde circulaban los vehículos con ruedas, coches, motos o bicicletas. El ‘no te bajes de la acera’ y ‘el súbete a la acera’ se han grabado a fuego en la conciencia de todos nosotros hasta el extremo que la acera era sinónimo de seguridad, de estar a cubierto. La acera era el lugar por donde podías pasear indolentemente, podías hablar con tu acompañante sin que estuvieras sometido a tensión alguna pues te sabías seguro y lejos de cualquier vehículo. Es más, tus hijos caminaban, jugaban, tranquilos y relajados y tú estabas despreocupado de que fueran arrollados por un vehículo. O, en todo caso, los ancianos e impedidos caminaban seguros de no sufrir un atropello producido por algún vehículo rodante. En fin, para qué seguir, todos sabemos lo que es una acera y sabemos, también, que para el peatón es su refugio.
Pero hete aquí que se acabó la tranquilidad del peatón. Las aceras ya no son refugios de los peatones. Es más, en las calles peatonales han desaparecido. Hemos de borrar de nuestro subconsciente el “súbete a la acera” y el “no te bajes de la acera”. De unos años a esta parte, a pesar de que la normativa actual prohíbe la circulación de las bicicletas por las aceras, los ciclistas han irrumpido en ellas con una conducción a todas luces temeraria y peligrosa para la integridad física de los incautos peatones.
El ciudadano que camina por las aceras se halla indefenso ante la agresión que supone la irrupción de ciclistas asesinos, que desprecian no ya la integridad, sino la vida de quienes circulan confiados por las aceras. Estamos en manos de esos hijos de puta sin escrúpulos, que circulan a velocidades de vértigo por las aceras, haciendo, además, filigranas con sus máquinas, ante el horror y las vanas y airadas protestas de los peatones.
Todo esto ha sido, en nuestras ciudad, con el consentimiento de nuestras autoridades locales y del cuerpo de la Policía Local, a quienes, al parecer, les importa un rábano que esos hijos de puta, que conducen bicicletas por las aceras, arrollen al desprevenido y asustado peatón, harto ya de aguantar a esos cabrones ante la indiferencia de las autoridades y de la policía local.
Pues échese a temblar, amable lector, la DGT modificará este año el Reglamento General de Circulación para dar, dicen, prioridad al peatón (?) y a la bicicleta (¡). “Hasta ahora la norma marginaba al peatón y a la bicicleta”, manifiesta, con desparpajo, Ramón Ledesma, Subdirector general de normativa de la DGT. Dicen, también, que el Reglamento se adaptará al nuevo modelo de ciudad que reclaman los Ayuntamientos y las asociaciones ciclistas y de viandantes. Ninguna asociación de viandantes quiere una ciudad en la que las bicicletas circulen por las aceras.
Si ahora no se permite y esos hijos de puta ciclistas, que circulan por las aceras, van arrollando al personal, cuando esté permitido por ley, al peatón le joderán bien jodido. Estos politiquillos están obsesionados con las ciudades y quieren meternos las bicicletas hasta por el mismísimo culo. Será porque ellos no andan por las calles. No se bajan del jodido coche oficial.
En la nueva normativa se va a contemplar que las bicicletas puedan circular por las aceras de más de tres metros –¡ojo al dato!–, siempre y cuando se sitúen a un metro de la fachada –¡ojo al dato!–. ¿Cree el amable lector que en esta ciudad de vándalos esos hijos de puta, que ahora a bordo de sus bicicletas  se pasan la integridad de los peatones por la bragueta, van a seguir al pie de la letra la nueva normativa que dicte la DGT? Ni en broma.
La autoridad competente y la policía local harán caso omiso, como ahora, de si peligra o no la integridad física del peatón. Tiempo al tiempo.

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