La Asociación de TDAH de Ceuta ha dado un paso valiente pero doloroso: denunciar al INGESA por abandono institucional. Y no es para menos. Padres y madres desesperados llevan años clamando por la atención sanitaria que sus hijos necesitan y merecen, sin obtener respuesta. La situación es ya insostenible: Ceuta carece de especialistas que traten estas patologías, dejando a niños y adultos a su suerte.
La falta de profesionales especializados en salud mental no es solo un problema técnico o administrativo. Es, ante todo, una falta de respeto y de humanidad hacia personas que luchan cada día con trastornos que afectan gravemente su calidad de vida. Enfermedades que, para el INGESA, parecen invisibles. Pero no lo son. Existen, y sus consecuencias también: fracaso escolar, aislamiento social, sufrimiento familiar, ansiedad, frustración...
¿Hasta cuándo va a ser Ceuta la excepción sanitaria de España? ¿Por qué nuestros niños tienen que esperar meses y meses —o directamente marcharse a la Península— para ser atendidos por un especialista que les ayude a desarrollar su potencial y a vivir con dignidad?
No se trata de un capricho ni de un lujo. Se trata de derechos fundamentales. De salud. De infancia. De equidad. Es incomprensible que en pleno siglo XXI haya que denunciar ante la Fiscalía del Menor al propio sistema de salud para ser escuchados. La denuncia de esta asociación no es un ataque, es un grito de auxilio. Es el último recurso de quienes ya lo han intentado todo por las vías normales, sin obtener más que silencio o excusas.
El INGESA debe dar una respuesta inmediata y contundente. Ceuta necesita —y exige— especialistas en salud mental infantil y de adultos que puedan atender a los pacientes con TDAH, TEA y otras patologías asociadas. Porque ignorar este problema no lo hace desaparecer, lo agrava.
Ceuta merece una sanidad digna. Y sus ciudadanos, especialmente los más vulnerables, no pueden seguir siendo tratados como ciudadanos de segunda.






