En política se permite casi todo. Pero hay quienes se confunden demostrando su patología enfermiza y contaminando a lo grande. Le sucede a Vox, que en esa aspiración por ocupar la alcaldía de este pueblo y echar de estos lares a todos los que no piensan a su manera, lanza dardos como pollo sin cabeza. Así, los diputados consideraron que no debían estar presentes en el acto del Día de Ceuta celebrado en el Parque Marítimo la noche de este viernes. ¿Tienen la obligación de estar? Dirán que no, porque no cobran por ello como sí lo hacen por acudir (a su manera y en demasiados casos solo unas horas) a las sesiones plenarias. Dirán que no, porque la cartera parece que es lo que les manda, su guía de acción política, su programa.
Moralmente o por ser congruentes debían haber estado. Porque hay algo que se llama respeto, pero quizá de esto los concejales de Vox poco entiendan. Van por la vida disfrazados de burdos aprendices de chulos de discoteca antes de adoptar el comportamiento propio de un representante público.
El Día de Ceuta el alcalde Juan Vivas daba un discurso. Pero el Día de Ceuta no era su día, ni era el día del PP. Los policías nacionales, locales y guardias civiles; los docentes; Francisco León; Javier Arnaiz y Fatiha Lahasen recibían la medalla de la Autonomía como un reconocimiento a su labor. El del Parque Marítimo no fue un acto de partido para gloria de Vivas, fue el acto especial para todos los que, emocionados, se sentían satisfechos de que su propio pueblo les reconociera.
Ellos fueron los que sufrieron una falta de respeto por parte de los diputados de Vox, esos que se apropian no ya de la bandera sino que creen ser los únicos defensores de las fuerzas y cuerpos de seguridad. No, no lo son. Lo que hacen es utilizarlos.
Vox podía haber acudido a los actos del día de la Autonomía para apoyar la entrega de las medallas, siendo congruentes con el voto favorable que dieron en el pleno. Podían haber aplaudido a los elegidos -a excepción de Fatiha a la que rechazaron como rechazan a los musulmanes, aunque lo niegan por mera cobardía- para después levantarse e irse, despreciando así el discurso del alcalde. Pero no lo hicieron porque ni siquiera tienen respeto por los demás, porque han entrado en un bucle de despropósitos en el que ya nadie se salva, ni siquiera los animalistas porque denuncian la corrida de toros. Vaya, otros que no son españoles, fíjense. El odio por el odio, los desprecios tan continuados son símbolo de una acción política que supone una auténtica indecencia. Nos dan otro ejemplo más.






