Dice el Reglamento de la Asamblea que entre los deberes de los diputados figura el de asistir a las sesiones del Pleno y a las Comisiones de las que formen parte. También a la Junta de Portavoces. Salvo que se curse una justificación clara, faltar a un pleno porque sí puede conllevar la pérdida de la compensación económica. Y para que ustedes visualicen esa compensación en euros, cada diputado cobra 1.382 por ir a esos plenos y comisiones. A eso se le suman 520 más si se es portavoz.
Pero claro, aquí nadie se ha planteado hacer las cosas como se deben para que, al menos, cunda el respeto a la institución entre el personal. Por eso cuando los cuatro diputados de Vox deciden no acudir al pleno para votar el calendario laboral argumentando que es “ilegal” nadie dice nada, a pesar de ser una de las actitudes más indecentes de quienes están ejerciendo unas funciones públicas y deben cumplir con lo que se les encomienda y exige. No respetan ni su propia labor pero piden a los demás respeto.
Ya no es que falten a un pleno argumentando tan pueril excusa, sino que además faltan a comisiones. Con decir que no comulgan con el espectáculo de turno, o mejor dicho con lo que ellos consideran espectáculo, se burlan de la obligación recogida en el Reglamento pero aquí no pasa nada.
Ese es el nivel, ese y los capítulos previos a los que todos asistimos y que se solucionan a gritos, con amenazas, con insultos, con faltas de respeto a los propios funcionarios… Pero no pasa nada ni nadie da un paso para enmendar esta situación, esta caída en picado que deja por los suelos a la propia Asamblea.
Que unos diputados se abstengan de cumplir con su obligación y que nadie se plantee siquiera estudiar una penalización refleja una permisividad y una entrega al todo vale al que nos hemos acostumbrado. Y eso es bastante peligroso, sobre todo porque nunca seremos capaces de ponerle tope a tanto despropósito y al final todo esto será un choteo de los excelentísimos.






