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Incendios

Fuimos a Córdoba desde Granada con una amiga para realizar unas gestiones. Volvíamos por la tarde. Justo cuando nos disponíamos a embarcar en el tren, recibimos un mensaje de Renfe informándonos de que nuestro viaje se retrasaría por un incendio declarado en Alcolea que, debido a su proximidad a la vía, había obligado a suspender la circulación ferroviaria. Pese a la confusión entre los pasajeros, el tráfico se restableció progresivamente a partir de las ocho de la tarde.

En nuestro caso, acumulamos un retraso de dos horas. A los trayectos con más viajeros se les ofrecieron autobuses alternativos. Con el calor reinante y la cantidad de personas concentradas en la estación de Córdoba, hubo momentos de cierta tensión. Aun así, la situación estuvo controlada en todo momento. Solo algunas señoras, entre gritos y aspavientos, intentaron llamar la atención insinuando lo mal que funcionaban los trenes. Fue algo puntual, que se calmó enseguida, sobre todo cuando se recordó que el incendio era ajeno a la explotación ferroviaria.

Ya en Granada, pocas horas después, nos enteramos del gravísimo incendio de Los Gallardos, en Almería, que de momento deja 12 fallecidos, 8 heridos y 19 personas no localizadas. El consejero andaluz de Emergencias atribuye las muertes a la “decisión de coger otro camino que no era el de evacuación”. En cualquier caso, en una situación así es comprensible que resulte difícil atender las indicaciones sobre el itinerario más seguro. Lo cierto es que hay víctimas, y los datos seguirán variando cuando este artículo se publique.

El despliegue técnico ha sido impresionante. La Junta de Andalucía, responsable del operativo de emergencia, ha movilizado 21 retenes del Plan INFOCA, personal del 112, equipos sanitarios y recursos de albergue. El Gobierno central ha activado a la UME, Protección Civil del Estado, medios aéreos estatales y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Según la información disponible, el incendio de Los Gallardos ha generado uno de los mayores despliegues conjuntos de medios autonómicos y estatales en décadas, con UME, INFOCA, MITECO, Protección Civil y Guardia Civil actuando de forma coordinada en un terreno extremadamente complejo y con fuerte viento.

Y, sin embargo, como viene siendo habitual en catástrofes de este tipo, el PP ha echado a la calle a Miguel Tellado, que pasó del pésame a la crítica política contra el Gobierno central, afirmando que España “necesita mejores servicios públicos en todos los ámbitos”, especialmente para “prevenir y combatir tragedias” como la de Almería, y que el país “necesita urgentemente un Gobierno central, centrado”. Estas frases, que no vienen al caso, constituyen una acusación directa al Gobierno de España, insinuando responsabilidad en la gestión y prevención de incendios. Son frases propias de un insensato, que lo único que le interesa es la confrontación.

Los incendios han existido siempre. Pero hoy su virulencia y frecuencia se deben claramente al cambio climático. En estas circunstancias, la actuación de las administraciones solo puede ser la prevención y la unidad para combatirlos. Si se utilizan para atacar al adversario político, lo único que se consigue es que, lejos de solucionarse, los problemas se agraven con el tiempo.

Como se explicaba ayer sábado en la editorial de El País, la simple gestión de los incendios será insuficiente si no se minimiza el riesgo asociado a las altas temperaturas, y esto solo se logrará con más dinero para controlar las masas forestales y abrir corredores capaces de parar el fuego. El coste de la inacción ya es inasumible. Extinguir una hectárea de bosque cuesta 19.000 euros, según las estimaciones, mientras que gestionar una hectárea de bosque cuesta 2.400. Y la revista Science lo ha calculado aún con más exactitud: por cada dólar invertido en gestión forestal, en particular en quemas controladas realizadas por los propios bomberos, se evitan casi cuatro en pérdidas.

Como explica el ingeniero Victor Resgo, experto en gestión de incendios forestales, la situación geopolítica es la que es, pero podemos hacer mucho por adaptarnos al cambio climático y mitigar el problema de los incendios. Aunque no disponemos de un termostato con el que pudiéramos bajar las temperaturas, sí que tenemos las herramientas para proteger los pueblos, para proteger las personas, para gestionar el territorio.

Porque lo ocurrido en Almería, y en otros lugares, no era una tragedia inesperada, como dicen los expertos. “Ahora lo que no vale es hacerse el sorprendido, pues hemos tenido mucho tiempo para anticiparnos y no lo hemos hecho”. Evidentemente, la prevención es el camino.

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